¡Entrando en remisión!

¿Recuerdan esta foto?

La llamé “saliendo de la cápsula” y está en la sección “Viaje Intergaláctico” del post “¡Días de radio! (preludio)” publicado el 14 de junio del año pasado. (Si quieren volverlo a leer, pueden verlo en este enlace ¡Días de radio! (preludio)).

La tomó mi quilila Lidia, hace justo un año saliendo de hacerme el CT/PET.

En ese momento, como recordarán, me vacilaba el procedimiento con glucosa radioactiva “de chocolate”.

Ese procedimiento marcaría, mi entrada en remisión.

El viaje hasta entonces, estuvo lleno de muchas cosas, desencanto y molestia con algunos médicos y descubrimiento y confianza en otros, momentos de nervios matizados por optimismo y confianza, malestar progresivo y esperanza, pero sobre todo, pleno de solidaridad, la solidaridad, el amor y el respaldo de mi familia, la biológica y la elegida, la solidaridad y el afecto de mis amigos, y la solidaridad y el empuje de conocidos y desconocidos sensibles a una causa. De allí nació #LaSolidaridadCura.

A todos, conocidos y desconocidos, amados y queridos, sólo les puedo reiterar:

¡GRACIAS!

¡MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TODO!

El viaje desde entonces, ha sido un poco diferente. La recuperación, particularmente de las energías, ha sido más lenta de lo previsto y ha estado acompañada de episodios de paranoia (del típico “¿habrá vuelto?” muy común en estos casos), de desesperación porque no puedo hacer todo lo que quiero; pero especialmente, se ha comportado de manera inversamente proporcional deterioro del país.

La recuperación poca y lenta de la energía contrasta con el aumento estrepitoso de la represión, de las muertes en las manifestaciones y fuera de ellas; de la aparición y reproducción de una conducta criminal y malandra de los organismos de seguridad del Estado (GNB y PNB); del descaro y burla pública de los funcionarios de gobierno, de las acciones de abuso de poder del TSJ y el CNE; de la presencia de una inflación galopante, del deterioro irreversible de las instalaciones hospitalarias, del aumento de la escasez y desaparición de alimentos y medicamentos; y del inaceptable y doloroso aumento de la desnutrición infantil y de la morbilidad en general.

Transitamos una dinámica de guerra diaria. Pero no porque estemos protagonizando una guerra civil, sino porque estamos sufriendo las consecuencias de una estrategia político-militar del gobierno denominada “guerra popular prolongada”. Esa estrategia está recogida y avalada por el “Plan de la Patria” y ahora, está relanzada y puesta en práctica, a través del Plan Zamora con el concurso “cívico-militar”.

Como toda guerra, la “guerra popular prolongada” requiere de un enemigo al que combatir, en este caso, el enemigo declarado por el gobierno, es la población, todas las personas que no se declaren sumisas a los postulados “revolucionarios”, todos aquellos que tengamos una veta institucional o democrática en nuestras venas, somos los enemigos del proceso, por tanto, somos a los que el gobierno, haciendo uso de recursos y desde varias instancias del Estado, haciendo abuso de poder, combate.

Por la “guerra popular prolongada” desatada por el gobierno, sufrimos las consecuencias de la violación permanente y diaria de los derechos humanos. Por ella, ninguna manifestación crítica al gobierno pasa sin ser bestialmente reprimida. Por ella, no hay noche que no termine con algún allanamiento o con los organismos de seguridad o los grupos paramilitares, embatiendo contra alguna comunidad, o protagonizando algún saqueo. En eso se han convertido nuestras noches.

(Por cierto, a los que aún no saben de qué se trata o no conocen los términos en los que está establecida la “guerra popular prolongada” como política del Estado, les sugiero leerse el Plan de la Patria y también, les dejo este enlace a un artículo de Héctor Silva Michelena que les puede servir de inicio en este tema)

Anoche, antes de dormir, leía las reacciones de los vecinos de varias zonas de Caracas, ante una estruendosa detonación, o varias, dependiendo de la zona, que experimentaron pasadas del 10 pm. Un poco antes, leía sobre la quema de 3 apartamentos a los que la GNB lanzó lacrimógenas, porque unas personas caceroleaban en sus ventanas. También leía sobre la presencia de tanquetas en Montalbán, acompañada de represión y sobre cómo una manifestación en el centro de la ciudad, era “reprimida” por paramilitares, o civiles armados que seguramente actuaban en el marco del Plan Zamora.

(Sobre la denominación de estos grupos, hay diferentes opiniones, porque algunos piensan que, al ser “adoptados” en el marco del “Plan Zamora”, forman parte de las estructuras del Estado y por tanto, dejan de ser paramilitares. Como imaginarán, soy de la creencia de que nada que no pase por su debida institucionalización, se formaliza, por tanto, desde mi punto de vista son y seguirán siendo grupos irregulares de civiles, ilegalmente armados, por tanto, grupos paramilitares o parapoliciales, dependiendo del marco en el que actúen).

Y un poco antes también, estaba íngrima y sola en la puerta de mi edificio acompañando con mi caceroleo a los vecinos de la zona que lo hacían, creo que desde sus ventanas. Imagino que cambiaron la instrucción de salir a las 8 pm a cacerolear a la puerta de tu casa, o quizá, los vecinos salieron a las puertas de las suyas, pero, al ser apartamentos, se quedaron caceroleando en sus pasillos. Igual eran bastantes, porque las cacerolas se escuchaban en la calle.

Mientras estaba en la puerta de mi edificio, frente a una calle vacía, poco alumbrada y con muy poco tráfico, a pesar de que eran las 8 pm, pensaba: Luz Caraballo, Juan Carabina y yo y estaba pendiente de todo el que se acercara, por la inseguridad de la zona y de la hora.

A lo largo de mi caceroleo, unos cuantos carros se hicieron solidarios con la manifestación. Fue muy interesante ver que los más expresivos eran los que pasaban en carros más viejos. En ese evento, a diferencia del anterior, se observaba un comportamiento directamente proporcional: a mayor edad y deterioro del carro, mayor euforia al saludar el caceroleo. O bueno, si lo quieren analizar con respecto al nivel adquisitivo de los tripulantes, inferido por la edad y condición del carro, el comportamiento sería también inversamente proporcional.

Sin embargo, lo que le puso la guinda a esa torta, fue el grito de “viva Chavez” que salió por la ventana de un Jeep blanco, identificado con algún organismo de “inteligencia” del Estado.

Imaginen, ahí estaba yo, íngrima y sola, parada en una acera, dándole a una cacerola y pasan unos funcionarios de algún organismo de “inteligencia” del Estado y lo único que se les ocurre es gritar “viva Chavez” y acelerar, como si el sonido de mi protesta los persiguiera.

En ese momento, mi cuerpo soltó una carcajada, mientras mi mente trataba de procesar la combinación de ese grito con la palabra “inteligencia” pintada a un costado del Jeep y como dije poco después en twitter, pensé que los que a esta altura, ante la protesta gritan “viva Chavez”, deben tener por consigna “Chavez vive, la muerte sigue”.

(En este punto debo confesar que extraño mi humor de los tiempos pre-remisión, pero entiendo, que una vez que mi atención no debe estar concentrada en comprender y superar una enfermedad, ni en un tratamiento, la realidad del país toma más espacio de mis reflexiones y emociones)

Esta mañana, mientras pensaba en qué términos compartir este aniversario con Ustedes, pensaba en que el país, está como un enfermo terminal, siguiendo un tratamiento de quimioterapia agresivo que, con el protocolo adecuado y el ánimo correspondiente, daría resultado y entraría en remisión.

(No puedo evitar sentirme cursi haciendo uso de esta metáfora, sorry)

Las imágenes que se me ocurren haciendo el paralelismo, no todas me gustan y hay algunas que seguro exaltarían el espíritu libertario de quienes día a día encabezan o participan en las protestas de calle, pero no creo que abone mucho a lo que vivimos una narración construida a partir de esa metáfora.

Sin embargo, hay varias cosas que, apalancadas en ella, creo que pueden ser de utilidad para comprendernos:

  1. La recuperación depende de que sigamos el protocolo adecuado y en este caso, el protocolo tiene aspectos conocidos y determinados, pero hay una buena parte de su aplicación, que resulta experimental.
  2. Una vez que comencemos a transitar la remisión, dada la magnitud del daño, estaremos hablando de remisión parcial, por lo que habrá muchas cosas a las que habrá que seguir tratando, antes de poder asumir que la remisión es total.
  3. El proceso de recuperación, una vez que se alcanza la remisión total, es progresivo y lento, porque implica la desintoxicación del país de parte de lo que usamos en el tratamiento, la recuperación de la convivencia de los efectos secundarios que el tratamiento produjo, y el cambio de algunas costumbres para garantizar que el país se mantenga en remisión, porque si no, los vestigios de este desastre que queden por ahí remanentes, se pueden reactivar, extender, y con ello revertir el proceso de “curación”, o mejor dicho, cambio.

Pero no podemos dar el triunfo por cantado. A veces los protocolos no funcionan, porque no son 100% eficaces y porque cada cuerpo o país, es único. Por lo que conocernos, y actuar en consecuencia, es lo más importante.

(Y aquí hago un paréntesis para agradecer nueva y especialmente a Ada, la prima de mi amiga Oma, quién anoche murió producto de una leucemia recurrente que sufría. Ella me donó un medicamento durante mi tratamiento. Para ella, va de nuevo mi agradecimiento y todas mis mejores vibras, donde quiera que esté. Y para Oma y su familia, vaya un gran abrazo.)

Conocernos, nos permite evaluar el comportamiento que tengamos cotidianamente y que, aunque no nos demos cuenta, o no queramos verlo, hace que contribuyamos a dañar al país y a la institucionalidad que lo debe sostener.

Ese comportamiento, aunque nos parezca irrelevante, debe ser erradicado.

Todos tenemos que revisar nuestras conductas y ver qué y cuando rompemos las normas, y cuando le restamos importancia a los que lo hacen y por qué, porque de esa dinámica se construye la ciudadanía y la vida cotidiana, por lo que, si nos parece que hay unas violaciones a la reglas de convivencia aceptables y otras no, o hay momentos en los que violar una norma se justifica, tenemos que revisar la norma (como país) o cambiar nosotros, porque allí tenemos un problema.

Bueno, a esta altura, este parece un post más del blog “Opinión Pura y Dura” que de éste, por lo que voy a cerrar este escrito, contándoles que en mi dimensión artística, haciendo caso a algunas sugerencias, como ya habrán podido ver en mi twitter y en mi facebook, comencé a subir mis mandalas a algunos portales y la sorpresa del día me la dio mi querida María Egleé, quien compró uno en Society6 y me contó esta mañana que le llegó. Aquí les dejo una foto para que la vean:

 

¡Gracias María Egleé!

Y como entiendo a la remisión como un estado que se sostiene y se verifica periódicamente, seguiré investigándome para entenderme, tratando de inventar una transformación, a ver si con ella lo mantengo.

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Acerca de olgaramos

Twitter: @olgaramos
Esta entrada fue publicada en Cáncer, CT/PET, Derechos Humanos, Linfoma, Linfoma No Hodgkins, LNH, Quimioterapia, Salud, Tomografía, Venezuela y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

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