¿Volverán a ser hermanos?

Desde hace tiempo, este blog se convirtió en un espacio para conectarme con mi salud y como recordarán, en esta oportunidad le tocaba el turno a la fisioterapia. Pero leí a Naky y lloré con ella. Así que decidí dejar el cuento sobre la fisioterapia para después y dedicar unas líneas a la triste alegría.

Mientras leía a Naky, pensé en que, como decían los médicos chinos tradicionales, las enfermedades en las personas, son un reflejo de las enfermedades de la sociedad en la que viven. Creo que en algunos, penetran en forma de resentimiento quebrando su alma y espíritu. Y en otros, resquebrajan, por momentos, el ánimo.

Quiero compartir este fragmento del escrito que @Naky publicó este domingo 11 de septiembre, en su muro de facebook, bajo el título “Días raros” (si pisan el título, el enlace los lleva al texto completo)

“El jueves, regresando de merendar con mis sobrinos hermosos, conté 14 colas entre las panaderías y farmacias de mi recorrido. A ese gentío, tuve que sumarle la cada vez más común escena de gente revisando la basura y gente comiendo directamente de la basura. Las risas que me regalaron Adriancho y Lala se me desdibujaban, a pesar de que siempre camino con la atención en alguna terca nueva, en algún bicho que la lluvia haya movido de lugar. El caso es que a pocas cuadras de la casa, comenzó a sonar en mi shuffle -al que cariñosamente llamo CorotoPod- unos acordes de guitarra bastante criticables, pero los dejé sonar, no siempre puedo estar dándole a la tecla de adelantar, menos con una selección tan limitada como la que tengo. De repente, apareció la noble voz de Miguel Ríos diciendo: “Esta es una canción que nos tiene que representar como seres humanos, que nos tiene que hacer y que nos ha hecho, mucho más dignos, mucho más personas. En contra de cualquier forma de totalitarismo, en contra de cualquier forma de vejación contra el ser humano, os canto esto y os ruego que cantéis conmigo: Escucha hermano la canción de la alegría, el canto alegre del que espera un nuevo día…”, y sin importarme mucho la calle en la que me agarró, me senté a llorar, rendida ante la letra del Himno de la Alegría, para curiosidad de otros transeúntes y una ingrata hidratación de mis pecas.”

Somos un país roto, una sociedad y una humanidad rotas, estamos rotos como planeta. Colas, gente comiendo directamente de la basura, Nicolás burlándose del hambre de la gente en cadena nacional, hurtos, robos, asesinatos, linchamientos, división y enfrentamiento por pensar diferente, incapacidad de construir mínimos acuerdos en el liderazgo y en las bases, odio, prejuicios, gente enfermando y muriendo por falta de medicinas, por aquí; atentados terroristas, división, guerra, ablaciones, ejecuciones, por allá; narcotráfico, drogadicción, corrupción, extinciones, contaminación y desforestación, por todo el mundo. Nuestras grietas emanan por todas partes.

En 1785 Friedrich von Schiller escribió su “Ode an die Freude” -Oda a la Alegría- de la que Beethoven tomó un extracto para convertirlo en el cuarto movimiento de su novena sinfonía (compuesta entre 1818 y 1824).

Hace 231 años, la sociedad, en la pluma de Schiller, aspiraba escapar de las cadenas de los tiranos, vencer a los mentirosos, olvidar la ira y la venganza, perdonar a nuestros enemigos, superar el dolor y la pobreza, ayudar a los inocentes que lloran, destruir las causas de las malas acciones y reconciliar al mundo entero.

Hace 192 años, en la pluma de Beethoven, esa aspiración se convirtió en el deseo de derramar alegría a todos los seres en cualquier recodo de la naturaleza y lograr el abrazo millones de personas con un beso para el mundo entero.

Hace 46 años, en la pluma de Waldo De Los Ríos y la voz de Miguel Ríos, se transformó en un canto para llamar a la esperanza, invitando a soñar con el nuevo sol “en que los hombres volverán a ser hermanos”.

Dos años más tarde, la aspiración quedó sobreentendida cuando el Consejo de Europa convirtió la música en su himno, decisión ratificada hace 31 años por la Unión Europea. (Himno = música sin letra).

Si pensamos en nuestra lista de aspiraciones actual, seguramente diferirá muy poco de la de Schiller.

Creo que música y poesía, siempre han sido intentos o esfuerzos de sanación, algunos intencionales y otros involuntarios o inconscientes. Algunos hacia adentro, para sacar los demonios del alma; otros hacia afuera para llamar la atención sobre los demonios y fracturas de los otros o de la sociedad. (También hay música y poesía para alcanzar o celebrar la paz y la alegría interior o para celebrar la armonía y la felicidad grupal o colectiva).

Esos esfuerzos, se convierten en instantes que nos rozan el espíritu, nos hacen llorar, reflexionar y en algunos casos, nos llegan a cambiar un ápice. Pero después la vida sigue y la sumatoria y “combinatoria” de los ápices no da para que el cambio trascienda.

Evoluciona la sociedad con sus aspiraciones, poemas y canciones. Evolucionan con ella sus enfermedades, fracturas. Evoluciona pero no deja de estar enferma y rota. Evoluciona la sociedad y con ella, el país; con ella, nosotros.

¿Será posible evolución con sanación o es sólo un romántico sueño?

Para responder a esa pregunta, en nuestro caso, tenemos mirar, con ojos profundos, la Venezuela que la vida nos pone diariamente en nuestro camino. Mirarla con la consciencia de quien sabe que ella sale, por acción u omisión -y a veces, por acción y omisión-, de nuestras manos y refleja algunos de los propios recodos del alma. Mirarla y voltear sinceramente hacia adentro.

¿Seremos capaces de mirarnos de frente? ¿Seremos capaces de identificar disonancias y armonías? ¿Seremos capaces de superar y transformar las disonancias? ¿Seremos capaces de encontrar armonía, en los pequeños detalles, y conectarnos a través de ella?

Mientras nos miramos, afinamos las preguntas, encontramos respuestas y actuamos, para los que les resulte inspirador o útil, les dejo una selección de videos del himno de la alegría.

  • Aquí tienen la versión original, en alemán, con solistas y coro, pero interpretada por 10.000 voces en Japón. Por las pocas referencias que pude encontrar en internet, se trató de un concierto dedicado a las víctimas del terremoto y el tsunami del 11 de marzo de 2011. El concierto fue en el Osaka Castle Hall. El motivo lo convierte claramente en un esfuerzo de sanación.
  • Ésta es la primera versión interpretada por Miguel Ríos. Se trata de un arreglo de Waldo De Los Rios. En algunos de los videos que encontré, dice que el director que sale en el video, también era Waldo De Los Ríos. Eso sí, no se pueden perder las caras de Miguel Ríos cantando.
  • En ésta, Miguel ya era Miguel Ríos el grande e interpreta sin caras lánguidas y mucha energía. Por cierto, no dejen de ver al chico de la chaqueta roja que está de primerito en el público.
  • Y cierro con una de mis favoritas. Es de la época en que se pusieron de moda los Flashmob que, para mí, eran un esfuerzo por inundar, por un instante, la vida de armonía y sorpresa, una clara contribución a la sanación de la sociedad a través de la música.

 

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Acerca de olgaramos

Twitter: @olgaramos
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2 respuestas a ¿Volverán a ser hermanos?

  1. pilar garcia morales dijo:

    Gracias Olga… y gracias por haberte conocido en alguna esquinade la vida. Un beso

  2. Victor Boccalon dijo:

    Estimada Olga, después de la siembra sistemática de tanto odio y diferencias sociales, yo sueno que en algún momento los venezolanos podremos volver a ser hermanos apelando a nuestra forma de ser tan particular y que la llevamos muy dentro de nuestra alma, pero pasaran generaciones para cerrar las heridas de nuestra sociedad , me temo que que ni Ud. ni yo veremos ese sueno hecho realidad.
    Un abrazo

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