¡Días de radio! (preludio)

 

Los días de mayo terminaron en evaluación, campaña y viaje intergaláctico.

Evaluación

El 30 me levanté temprano, en ayunas y fui a mi laboratorio favorito, el del Centro Médico Docente La Trinidad, a sacarme la sangre para la evaluación post quimioterapia -como todos saben, de acuerdo a mi diagnóstico, tenía programados 6 ciclos de quimioterapia, y a la mitad y al final, correspondía hacer exámenes para evaluar el progreso del tratamiento-.

Era lunes, por lo que había un gentío esperando, pero como paciente oncológico no tuve que esperar tanto, porque tenemos tratamiento preferencial. Otros laboratorios y servicios de salud, deberían copiarse de ellos en eso, porque, cuando las energías te faltan, ese tratamiento, realmente ayuda. Pero no sólo deberían copiarse teniendo tratamiento preferencial en el orden de atención, sino también garantizando la realización de ciertos exámenes y en la delicadeza al momento de tomar las muestras.

(Los resultados, como de costumbre, llegaron por correo, dos o tres horas más tarde y a pesar de que algunos valores aparecían alterados, como consecuencia de los efectos secundarios de la quimioterapia, de acuerdo al criterio de mi hemato-oncóloga, estaban chéveres.)

Campaña

Llegando a casa, le pedí a una vecina que me tomara una foto para poner mi granito de arena en una campaña para exigir al Estado venezolano que garantice el derecho a la salud. Sí, una de las tantas campañas que hemos tenido en los últimos tiempos en Venezuela, para que, los indolentes funcionarios del gobierno se dejen de pendejadas, #‎AceptenLaAyuda‬ internacional y podamos traer medicamentos para superar parte de esta crisis humanitaria que nos agobia. (Bueno, a esta altura y más después de la intervención de nuestro flamante “embajador ante la OEA” de ayer, creo que puedo insistir en tildarlos de inhumanos, en lugar de indolentes).

Ese lunes, muchos usamos la etiqueta #‎AceptenLaAyuda‬ y un cartel como el de Oliver Sanchez para ayudar a visibilizar el tenor y magnitud del problema y por ello, fuimos acusados de usar el caso de Oliver para “politizar” la escasez de medicamentos “buscando una intervención extranjera en Venezuela”. Muy irónica postura entre funcionarios y partidarios de turno que convierten todos los asuntos públicos en mecanismos clientelares para mantenerse en el poder, cuyo liderazgo ha viajado con frecuencia a “coger consejo” en Cuba y que se apoyan en el fantasma de la “intervención extranjera” para mantener un discurso permanente de guerra y justificar encarcelamiento, tortura, censura, cierre de medios, confiscaciones, represión, más muchas y variadas formas de abuso de poder para ni soltar el gobierno, ni cumplir con las responsabilidades correspondientes, como, por ejemplo, garantizar el derecho a la salud para todos los venezolanos.

Y para los que aún tengan dudas sobre si el caso de Oliver Sanchez se puede considerar emblemático en el contexto de la crisis humanitaria en salud que nos aqueja, sólo dejaré un par de datos relevantes:

  • Durante su tratamiento, como nos sucedió a muchos, logró conseguir parte de los medicamentos, gracias a la solidaridad de la gente y a través de las redes sociales -sin ello, Oliver hubiese tenido que interrumpir su tratamiento, como sucede con muchas personas a las que ese tipo de ayuda, por diversas razones, tampoco llega.
  • Su muerte se debió a una complicación inesperada: “le dio meningitis ―su madre supone que lo adquirió en el hospital donde fue atendido―”. Esta frase que es tomada de la reseña que sobre el caso, se hace en el portal de VTV, no puede pasar desapercibida porque nos habla de las precarias condiciones en las que se encuentran las instalaciones de los centros de salud públicos en Venezuela, lo que forma parte de la crisis humanitaria que nos agobia.

Mi tuit en la campaña: “Interrumpir un tratamiento por falta de medicamentos te puede matar porque ‪‪#‎ElCancerNoEspera‬ #‎AceptenLaAyuda‬” (El tuit)

Y como mientras no acepten la ayuda y se resuelva esta crisis humanitaria en salud, seguiremos en campaña, unos días después, -dia que por cierto, fue muy importante para mi vida, como les contaré más tarde-, mi tuit fue: “Sepa @CIDH q completé la quimioterapia para mi tratamiento, gracias a la solidaridad de mis amigos #UrgeAyudaEnSalud” (El tuit)

Aquí las fotos de los dos tuits, como evidencia:

 

Viaje Intergaláctico

El 31 me levanté tempranito, a las 5 que realmente eran las 5:30, porque la noche antes, no se me ocurrió otra cosa que reiniciar el celular -apagándolo 10 minutos y sacándole la pila-, y al encenderlo colocó automáticamente el huso horario de Venezuela -que a efectos de algunas compañías telefónicas no ha cambiado. Con media hora de “gracia”, me tomé mi tiempo para prepararme, mientras mi querida Ana María Raga esperaba nerviosa en el carro, porque pensaba que me había quedado dormida. Pero ¿cómo no prepararme con calma, si ese era el día de mi incursión por el hiperespacio?

A un cuarto para las 8, ya en la sede, aún estaba esperando para tomar el vuelo acompañada por Ana María, quién como ya supondrán se ofreció a buscarme y llevarme a la plataforma de lanzamiento, y de mi hija, Flor Marina Yánez, que llegó a acompañarme antes de la partida. (Para los que no la conozcan, Flor Marina es una excelente músico y urbanista, a quien conocí y adopté cuando éramos estudiantes en la USB).

con ana mariaR

¡Calentando motores!

 

La plataforma de lanzamiento está en el Centro Diagnóstico Docente de Las Mercedes, el único sitio en Caracas y me temo que en Venezuela, en el que actualmente se hace un estudio denominado CT/PET -las siglas con traducción dicen: tomografía computada / tomografía por emisión de positrones. (Les cuento, aquí entre nos, que el Hospital de Clínicas Caracas tuvo activos los equipos para hacerlo hasta hace 3 años, pero ya no realizan ese estudio).

El CT/PET es una tomografía “hiperespacial e intergaláctica” que se aprovecha de la capacidad del organismo de captar glucosa para diagnosticar y evaluar enfermedades. Aquí en Venezuela, en muchos casos, se está utilizando sólo para evaluar por el elevado costo que tiene, dadas las restricciones cambiarias que impone al gobierno también a los servicios de salud.

El proceso fue así:

Con, al menos, 6 horas de ayuno, llegas a la plataforma de lanzamiento, te registras, llenas la ficha en la que queda constancia de tu historia médica y firmas las autorizaciones correspondientes. Te toman una vía y te miden la glicemia, antes de pasarte a la zona en la que se realizará la tomografía.

Al momento de llamarme para llevarme a la cápsula interestelar (léase el tomógrafo) como ya había llegado Lilia quilila y no te hacen el procedimiento si no tienes acompañante, pero sólo te permiten uno, hubo cambio de testigo.

La enfermera, Lidia y yo bajamos al sótano del CDD. Allí entré en un pequeño cuarto con un sillón reclinable y mi botella de agua (te indican que lleves medio litro de agua para tomarla mientras esperas que la radioactividad recorra tu cuerpo). Como supondrán, con esa combinación, nos dedicamos a la vaciladera, pero también a hacer preguntas y solicitudes más serias, como que me inyectaran la glucosa de chocolate.

Minutos más tarde, apareció a enfermera con una caja de metal, plomo imagino, donde guardaba una inyectadora con la misma apariencia. ¡Esa era la portadora de la glucosa radioactiva! (Léase con tono solemne). He de confesar que esperaba una dosis más grande del “brebaje”, pero desde mi punto de vista, podría tener solo unos 30 cc de glusosa radioactiva.

En mi caso, la glucosa entró inyectada, pero es bueno que sepan que, dependiendo del procedimiento, la administración puede ser inyectada, tomada o inhalada y también una combinación de ellas.

Inyectada la glucosa, me taparon con una manta, botaron a Lidia de la pequeñita habitación y me sugirieron que no me moviera, que tomara agua poco a poco y que, en lo posible, durmiera.

Les confieso que esa combinación de instrucciones me resultó de lo más curiosa porque no podía imaginar tomar agua sin, al menos, mover un brazo y algunos músculos del cuello para tragar, y menos, si tenía que hacer todo eso mientras dormía. Sin embargo, entendí que disminuir los movimientos al máximo tiene como propósito evitar que la glucosa se fije en las zonas con actividad, lo que podría dar como resultado un “falso positivo” en la tomografía y la verdad que conmigo, los falsos no van, así que opté por no moverme, salvo para tomar agua y en ocasiones, temblar del frío.

Fueron interesantes 45 minutos dormitando, temblando y tomando agua, mientras imaginaba una glucosa iridiscente de chocolate recorrer todo mi cuerpo, penetrando célula por célula, hasta llenar mi organismo de radioactividad.

Terminada esa fase de preparación, te llaman de la cápsula espacial en la que la “fotógrafo de turno”, te indica como colocarte, te da unas instrucciones típicas -que incluyen el consabido “no se mueva”-, responde tus preguntas y se va a tomar fotos mientras realizas tu viaje.

La posición es relativamente cómoda, porque estás acostada pero con los brazos pasando por encima de la cabeza, hacia atrás. Es importante, para quienes tengan que realizarse este procedimiento, que verifiquen, antes que la encargada del tomógrafo salga de la sala, que la posición de los brazos es sostenible un rato, porque de no serlo, tendrían que interrumpir el procedimiento para acomodarlos.

La cápsula intergaláctica, alias el tomógrafo, o el aparato para los panas, luce como éste:

Brivo CT385 Product-thumb

Durante los 20 o 25 minutos que duró mi vuelo hiperespacial e intergaláctico, me dediqué a dormir y cantar -es obvio que canté mentalmente por eso de no poder moverme-, porque no hay nada como cantar para entretener la mente y relajarse en situaciones como esas. Terminó el procedimiento y no se me había acabado el repertorio, pero bueno, ¿qué se puede hacer? No siempre los tiempos son perfectos.

Al salir debes esperar un rato mientras se revisan las imágenes para ver si salieron bien o hacen falta algunas tomas más. Allí con Lidia Querida dejamos testimonio de que efectivamente, mi cuerpo estaba tomado por la radioactividad y que estábamos en una “zona controlada”, en nuestro caso, bajo el control de la risa.

¡Bajo el control de la risa!

¡Bajo el control de la risa!

Mi post en facebook al salir del viaje:

¡Regresando del viaje intergaláctico!

¡Estuvo genial!!!!

Pedí que me inyectaran glucosa radioactiva de chocolate.

¡Estaba riquísima!!!

Eso sí, dormí antes y durante.

Me acompañaron en el viaje Ana María (calentando motores), mi hija Flor Marina (afinando detalles) y Lília quilila Lidia (vuelo y aterrizaje).

Ese traje espacial parecía de médico y yo quería uno con casco.

Salí bailando,

y ahora brillo de radioactividad!!!

radioactiva

¡Saliendo de la cápsula!

Cuando subimos, nos dijeron que debíamos esperar por la factura -que necesitaba para completar la solicitud para que el examen lo cubriera mi seguro-, por lo que nos encontramos de nuevo con Ana y Flor, nos fuimos a una taguarita cercana y mientras conversábamos, Lidia se tomaba un café y las dos, comíamos sus tortitas de avena.

Días de Radio continuará… 

 

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Acerca de olgaramos

Twitter: @olgaramos
Esta entrada fue publicada en #DDHH, Caracas, Cáncer, Ciudadanía, CT/PET, Derechos Humanos, Estadiaje, FA, Fibrilación Auricular, Linfoma, Linfoma No Hodgkins, LNH, Quimioterapia, Reactivos, Salud, Tomografía, Tratamiento, Venezuela. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a ¡Días de radio! (preludio)

  1. Maria Carolina cabrera ) hermana de Oma dijo:

    Me encanta como manejas el lenguaje , realmente pareces una cineasta escribiendo un guión cinematográfico con un toque positititivo con una pizca de humor.Buena receta. Te felicito olga que amor por la vida tienes.Para ytu cumple una rica barra de chocolate.Saludos

  2. Livo Matheus dijo:

    Eres un ser muy hermoso, Feliz Cumpleaños.

  3. Pingback: ¡Entrando en remisión! | Imaginario Cotidiano

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