Efectos secundarios (LNH – Estadio 2)

Jueves 28/4 – 6:15 am

Abro los ojos y aún sin poder enfocar la mirada, veo que me quedé dormida. Sí, mi plan, un poco ingenuo para estos tiempos, era madrugar y estar a las 6, en el consultorio de mi cardiólogo, anotándome en la lista de pacientes.

(Nota reiterada para los galenos: previa cita es previa cita y no, anotarse para una fecha y ser atendido por orden de llegada. Además, hay pacientes que no podemos ni madrugar para garantizar ser atendidos temprano, ni pasar horas en la sala de espera hasta que nos toque la consulta)

Me siento en la cama, con el propósito de levantarme, ducharme, vestirme y salir, pero sólo alcanzo a quedarme sentada cogiendo mínimo. En otro momento, la escena hubiese sido: abro los ojos, veo la hora, pego un brinco de la cama a la ducha y vuelo para llegar lo antes posible a la consulta, pero después de un LNH diagnosticado y 5 ciclos de quimioterapia, la energía y los tiempos son, efectivamente, otros.

La buena noticia, aunque por decirlo parezca que le pego al loco -cosa que todo el que me conoce sabe que es cierto-, es que la debilidad o falta de energía, no se debe, como suponía en el post anterior, a una posible virosis, ni a un posible retroceso (cosa que no es difícil de imaginar cuando el malestar en lugar de diminuir, aumento). La debilidad creciente, es uno de los efectos secundarios que tiene la aplicación de un tratamiento de quimioterapia. A más ciclos, es decir, a mayor cantidad de químicos suministrados, el cuerpo tiende a debilitarse, entre otras cosas porque la quimioterapia afecta a todas las células: las pobres que tienen cáncer; las inocentes, resistentes o simplemente las que, con suerte por su ubicación relativa, estaban ahí sin contaminarse; y las nuevas.

No se salva ninguna. El organismo trabaja más y tiene menos de dónde sacar energía.

Y por cierto, la debilidad creciente es independiente del grado de éxito o fracaso del tratamiento. Puede estar dando buenos resultados como en mi caso, de acuerdo a la evaluación que me hicieron después del tercer ciclo, e igualito, el cuerpo se va debilitando y por tanto, la falta de energía va en incremento.

Como no les conté por esta vía el resultado de la evaluación que me hicieron entre el 3er y 4to ciclo de quimioterapia, aquí les dejo lo que publiqué en Facebook el 30 de marzo.

100%

Jueves 28/4 – 6:30 am

– ¡Chanfle! ¡El estómago!

Aún sentada en la cama, cogiendo mínimo recuerdo que, antes de comer -20 minutos antes-, debo tomar protector estomacal para evitar los estragos del pastillero que desde inicios del tratamiento me acompaña “in crescendo” y los efectos secundarios de la quimioterapia sobre el estómago.

Por protector entiéndase una combinación de medicamentos, administrados con el desayuno y la cena unos y con el almuerzo otro, que impiden que prospere y se instale una gastritis durante el tratamiento.

Dicho ésto, podemos identificar dos efectos secundarios adicionales de la quimioterapia: el primero, la irritación de las mucosas que, en el caso del sistema digestivo puede tener varias manifestaciones, desde hipersensibilidad y aftas en la boca, pasando por gastritis, hasta los menos mencionados que pueden afectar digestión y evacuación (por exceso y liquidez o por defecto) y que, en mi caso, afortunadamente, no tuve sino en el primer ciclo; y el segundo, la abundancia de medicamentos para prevenir, controlar o paliar esos y otros efectos potenciales.

Jueves 28/4 – 6:50 am

Tomar protectores gástricos para no comer, pareciera carecer de sentido. Por eso, a 10 para las 7, camino a la cocina para tomar un cambur e ingerirlo -en otro momento seguro que escribiría degustarlo, pero en este, mejor no me adelanto-, mientras pienso en la mejor combinación de desayuno para: a) que pueda comerla antes de salir sin trancarme por intentar hacerlo muy rápido; b) que sepa suficientemente atractivo como para que el cambio de sabor de este momento, no impida que me la coma; c) que pueda prepararla con los alimentos disponibles y con la velocidad que requiero para poder estar lista pronto.

¿Y cómo no aprovechar ésto para comentarles sobre otros efectos secundarios del tratamiento de los que poca gente tiene conocimiento o habla?

Les cuento:

– Cambios en el sentido del gusto, es otro efecto secundario del tratamiento. En algunos casos, de acuerdo a lo que me ha comentado un gentío, el cambio está asociado a sentir como metálico lo que se come. En mi caso, depende del día: a veces las cosas me saben hiper-saladas o hiper-dulces, a veces sólo me saben diferente a lo convencional, a veces sólo me saben mal.

– Llanto nasal. No tengo idea de a cuantas personas les pasará ésto, pero a mi se me aguaba la nariz cuando comía una sopa muy caliente o cuando la comida tenía mucho picante, pero ahora, con mucha frecuencia, le da por llorar a chorros cuando como, ojo no siempre, pero la frecuencia es alta.

– Si como muy rápido se me tranca el esófago, pero ese es un sólo efecto secundario del By-pass gástrico que se ha incrementado. Antes comía lento, ahora puedo pasar horas comiendo. Este efecto es variable dependiendo del nivel de irritación de la boca y de modificación del sentido del gusto.

– Y un efecto secundario que, aunque a mi no me da siempre, es la pérdida de apetito, que es lo mismo que no te den ganas de comer. Digo, para que a nadie le queden dudas.

Perder el apetito y comer con un sentido del gusto nada agradable, hace que, con muchísima frecuencia, coma más por disciplina y obligación, que por otra cosa.

Jueves 28/4 – 7:50 am

Antes de salir, pensé que si iba a hacer el esfuerzo de pasar unas horas fuera de casa, no podía desaprovechar la oportunidad para pasar por un puesto del firmazo y estampar mi firma por el revocatorio. Así que me paré frente al closet y escogí una indumentaria adecuada a ese momento.

Sé que pude optar por vestirme cómoda y deportiva, y llevar la gorra tricolor para el momento de la firma, pero considero que hay actos ciudadanos que ameritan vestir lo más formalmente posible, para investirlos de la seriedad que se merecen. Así que tomé una camisa manga larga, unos pantalones negros y me vestí para salir, no sin antes embadurnarme de crema, de pies a cabeza (ventajas de mi peinado actual) porque la deshidratación es otro de los efectos secundarios de la quimioterapia.

Sí, la deshidratación de todo el organismo que requiere tome más líquido que antes y ponerme crema hidratante en la piel varias veces al día. Las enfermeras de ARSUVE creen que no he logrado ni ingerir el líquido suficiente -dicen que se nota en las venas-, ni usar la cantidad de crema hidratante adecuada. Pero bueno, sigo intentando y probando opciones, especialmente, en lo que a tomar líquido se refiere, porque cuando cambia el sentido del gusto, hasta el agua sabe mal.

Ah, hay un efecto secundario que se me estaba olvidando, se llama neuropatía perférica. Es un efecto específico de la vincristina que es una de las 4 quimioterapias que me están aplicando. Cuando está en su apogeo, pierdo sensibilidad en las puntas de los dedos de las manos y en la parte anterior de la planta y en los dedos de los pies, es como si estuvieran dormidos por lo que siento cierta molestia agarrando cosas y caminando. (Gracias a Miguel Villegas por recordarme este efecto con un comentario)

Jueves 28/4 – 10:00 am

Ya con el electro en mano, que lo hace la enfermera-secretaria antes de la consulta, espero mi turno. Mientras, pienso en leer una de mis últimas adquisiciones “El universo elegante” de Brian Greene que llevaba bajo el brazo, pero por más que me encante sólo lo miro y recuerdo que no todos los días se me da la lectura fluida, porque otro de los efectos secundarios del tratamiento, es la falta de concentración. (Ese es un buen dato para todos los que sugieren leer un buen libro para distraerse, durante este proceso).

En su lugar, me tomo un selfie de payaseo y se lo envío a mi familia por WhatsApp. (Sorry, es payaseo para la famlia. Se quedarán con las ganas).

Una vez en consulta, el cardiólogo me examina, mira el electro y me dice que mi frecuencia se aprecia bien. Aprovecho para caerle a preguntas sobre la FA que es otro de los efectos secundarios de la quimioterapia, del que Ustedes ya saben, porque se los he comentado en otros post, y que me sigue despertando de vez en cuando.

En la conversa sobre la FA, identificamos un efecto secundario indirecto, pero no del tratamiento, sino del país en el que vivimos. Y es que el 27 de madrugada, (¿recuerdan la intensidad de la noche del 26, verdad?), siguiendo las noticias, me costaba dormirme y me repitió la FA, aunque de acuerdo a mi experiencia, fue menos intensa que las anteriores, por lo que esperé una media hora y al no parar, me tome el “Kit de Rescate” y hora y media más tarde, el ritmo se había normalizado. ¡Adoro al que inventó lo del “Kit de Rescate”!

Coincidí con el cardiólogo en que, en esta oportunidad, la podía haber ocasionado más el estrés de país que vivimos que la quimioterapia, por lo que no me modificó el tratamiento y sólo me sugirió que tratara de minimizar las fuentes de estrés. Ya me imagino a más de uno relamiéndose de placer porque me advirtieron lo que el cardiólogo me dijo, pero les cuento que, en su caso, fue una comprensiva y amable sugerencia.

Y para reiterar el efecto secundario de la mediocridad nacional, mientras escribía este párrafo el viernes 29, el ejecutivo, a través de CORTOELEC, se dirigió a la Asamblea Nacional y a la sede del Parlatino a cortarles la luz porque no soporta que alguien quiera trabajar en Venezuela.

Aprovecho que mencioné la fecha en que comencé a escribir para hacer un inciso y hablar de otro efecto secundario de la quimioterapia que viene al caso: ahora, tampoco escribo corrido. En este caso, se trata de un efecto secundario o un impacto sobre mi vida, que se produce cuando se combina, la debilidad con la disminución de la nitidez en la vista. La disminución de la nitidez en la vista se manifiesta al día siguiente del ciclo de quimioterapia, y por la experiencia de hoy, parece que también en algunos días después del “nadir”.

(Sí dije “nadir” y no me refiero al nombre que en astronomía se le da al punto opuesto al cenit. En términos médicos, específicamente relacionados con el tratamiento de quimioterapia, nadir es el momento en el que se registra conteo sanguíneo más bajo. Ese momento se inicia, en mi caso, entre los días 6 y 7, y si la aplicación de los reconstituyentes para los “blancos” y los “rojos” funciona, debería haber pasado el lunes de la semana siguiente).

Para terminar la consulta, hablamos de otro posible efecto secundario de la quimioerapia, o en todo caso, colateral por la combinación de la quimioterapia, antecedentes de várices, sedentarismo (o reposo excesivo, como prefiero llamarlo), más la mediocridad nacional (en este caso, manifiesta como incapacidad de las personas para cumplir sus compromisos, por lo que sin aviso, tuve que suspender mi reposo y empotrarme a una computadora para resolver un entuerto y no dejar guindando a unos estudiantes), es la inflamación de las piernas de la rodilla hacia abajo. El cardiólogo, por prevención me indicó que, cuando tenga chance, me haga un eco doppler para descartar algún problema relacionado con várices y que se lo lleve para la próxima cita que será después de que termine todo el tratamiento. Mientras, seguiremos a toque de SMS si se presenta otra emergencia.

Jueves 28/4 – 1:20 pm

Al salir de consulta pasé por la oficina de atención al cliente de mi seguro a resolver un par de trámites.

De regreso, me acerqué al punto de recolección de firmas más cercano a mi casa y afortunadamente, no había mucha cola y por mi condición de salud, los chicos me ayudaron a firmar sin mucha espera, así que aquí les dejo el testimonio de otro efecto secundario, no del tratamiento sino de la combinación entre la mediocridad y el abuso de poder gubernamental y la disposición de la mayoría democrática a activar todos los mecanismos que nos permitan salir de ella y crecer como país.

 

Viernes 29/4 – Intento fallido

Hay otros efectos secundarios, colaterales o impactos que se dan durante el tratamiento. Uno de ellos, el que viví el viernes: no poder asistir, en el momento, es decir, a ésta, no a la del año que viene o a las del futuro, y con la frecuencia que quería, a la Feria de Lectura.

En mi intento de asistir un rato a las “clases magistrales” que organizó Cultura Chacao en protesta a la medida arbitraria del ejecutivo nacional, de suspender las clases dos viernes, con la excusa del racionamiento, una obvia muestra de mediocridad con menosprecio a la educación, me tropecé con más mediocridad nacional.

En ese caso estuve más de una hora atrapada en una cola, la mayor parte del tiempo sin moverme, porque, al parecer, ni a los organizadores de la Feria, ni al concesionario del estacionamiento, se les ocurrió poner un cartelito en la entrada este, que dijera “no hay puesto” para avisar a los que pensábamos que estacionar allí era una opción, que si entrábamos quedaríamos atrapados sin remedio, apenas al tocar la curva.

Mientras pasaba el tiempo, sin opción alguna, pensaba en el cardiólogo y su sugerencia de disminuir el estrés; le preguntaba a una chica con credencial del evento la causa de la tranca (ella me decía, peladísima, que, al parecer, alguien estaba descargando algo del otro lado de la plaza); miraba la hora y pensaba en que no tenía merienda -porque pensaba comprarla en la plaza- y en la cola de regreso a casa; y tenía frío.

La cola avanzó con una lentitud espasmódica y cuando estaba de frente a la bajada con entrada del estacionamiento, vi a un par de policías y me bajé a implorar una solución, muy molesta, por cierto. Los dos policías y una mujer que, por su actitud parecía tener algo que ver con el estacionamiento, tenían cara de darse cuenta, en ese momento, de que lo que sucedía era un problema y se ofrecieron a ayudar. La ayuda no fue ninguna, en efecto, porque hubo que esperar a que se liberaran puestos para que pudiéramos avanzar y, como en mi caso, entrar y salir de una vez de ese estacionamiento.

Ya con la clase perdida y la tranquilidad también, decidí buscar un puesto en la calle que me permitiera comprar algo para no arrancar de regreso sin haber comido, porque, ahora más que antes, no puedo pelarme las comidas. Me estacioné en la Plaza Bélgica, cogí mínimo y caminé hacia la Plaza Francia para tratar de buscar dónde comer y si me sentía mejor, hacer tiempo a que bajara la cola para llegar a la casa.

Llegando a la Feria me sentí tan débil que opté por sentarme en un lateral del salón Obelisco donde estaba terminando la presentación de la reedición del libro “Del buen salvaje al buen revolucionario” de Carlos Rangel. De lado, me sentí en Ciudad Gótica, pero la guarida de uno de los personajes antagónicos a Batman. (Mención apta sólo para los que vieron la serie original, ergo, se les caerá la cédula)

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Unos minutos más tarde, saludé a un par de personas que se acercaron a dónde seguía sentada. Uno de ellos, Carlos Julio Romero una persona espectacularmente solidaria, no sabría que sería uno de mis salvadores una hora y algo después.

(Mi cuerpo seguía como en una guarida de Ciudad Gótica y les apuesto que en esta Usfie no se me notaba la debilidad. Mi sonrisa engaña. ¡Ja!)

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Cuando traté de levantarme para seguir, viví por primera vez, una consecuencia inesperada de la debilidad, tuve que pedirle a un señor que estaba cerca del salón que me ayudara a levantarme, porque las piernas no me daban para hacerlo por mi cuenta. La verdad es que hasta me lo tomé a chiste, pero, aquí entre nos, espero que no se repita.

Pero, para no hacerles el cuento muy largo, desde que me levanté hasta que llegué a mi casa con SuperCathy, pasé un rato sentada en el Pabellón Infantil custodiada por la maravillosa Rosalexia Guerra quién supo que no me sentía con fuerzas y dejó lo que estaba haciendo para acompañarme y asegurarse de que estaría bien.

(¿verdad que no se me notaba la debilidad tampoco en esa usfie?)

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Fui al Caracas Palace a pedir el baño prestado (menos mal que no estaba con un ataque de incontinencia, como los que me dan de madrugada los días posteriores a la quimioterapia y me hacer correr al baño. Ah, ese también es otro efecto secundario del que nadie habla, por cierto, pero que es muy natural porque el organismo debe estar desesperado por tratar de salir de los químicos lo antes posible) y tratar de comer algo, allí todos me trataron de maravilla, aunque no tenían nada que pudiera comer.

Y caminé haciendo paradas estratégicas, tratando de conseguir un sitio donde comer algo que no fuera comida chatarra, hasta que llegué a la arepera que está subiendo hacia la Castellana, donde pedí un hervido que estaba riquísimo, pero del que no me pude comer sino cuatro cucharadas, porque la debilidad, paradójicamente, se transformó en un preocupante mareo, y como era de esperarse los mesoneros me trataron de maravilla y hasta vigilaron que llegara bien de regreso al carro.

A esa altura, después de pedir ayuda, llegó Carlos Julio a acompañarme, mientras le daba tiempo a SuperCathy a llegar al sitio para venirse conmigo y traerme de regreso a casa. Así fue como de terminó mi intento fallido de asistir a clase.

Lo mejor de ese episodio, es que descansé tranquila y segura y, al día siguiente, me salió otra dosis de familia de la mano de SuperCathy y mi sobrino José Antonio.

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¡A mis salvadores y a todos los que me trataron de maravilla ese día: mil gracias!

#LaSolidaridadCura

 

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Acerca de olgaramos

Twitter: @olgaramos
Esta entrada fue publicada en Caracas, Cáncer, Día del libro, FA, Feria de Lectura, Fibrilación Auricular, Libros, Linfoma, Linfoma No Hodgkins, LNH, Nadir, Quimioterapia, Salud, Tratamiento, Venezuela. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Efectos secundarios (LNH – Estadio 2)

  1. Andrea dijo:

    Hola!, qué bueno tu blog!. Lo primero que me gustaría decir es que apoyo tu comentario sobre los consultorios médicos en los que además de llamar para hacer cita, tienes que llegar de madrugada a anotarte y para colmo el Dr. comienza a atender en la tarde. Muchas ganas de hacerle perder el tiempo a uno. No entiendo ese sistema.
    Me encanta que seas tan abierta dando tantos detalles de los efectos que has experimentado con la quimioterapia.
    Por mi parte, luego de visitar a 6 doctores buscando “EL DOCTOR”, y echar mi cuento a cada uno de ellos llevando por supuesto todo mi perolero, o sea: informes médicos previos, biopsias, tomografías, resonancias, etc, etc, ya estoy próxima a operarme un sarcoma en partes blandas (por 3era vez) y luego mi tratamiento consistirá en sesiones de radioterapia, y no sabes cómo me gustaría leer sobre los sintomas que experimentaré, así como tu describes los tuyos. Claro, hay muchas personas que no entienden que uno quiera conocer de antemano lo que le pasará, pero a mi esto me tranquiliza, me quita la ansiedad. Es mi forma de ser claro. He leído mucho, pero nunca de la forma como tu echas tu cuento. Es lo máximo! En fin, vivo día por día, haciendo un esfuerzo porque no me gane la ansiedad, y leer tu blog me ayuda mucho.
    Te felicito y respeto por la forma como estas llevando esta situación, no me cabe la menor duda que es la mejor actitud y que llegarás muy pronto al 100%!. Sigue adelante, ánimo!. Y muchas gracias otra vez!.

    • olgaramos dijo:

      Hola Andrea!!
      Gracias por este comentario.
      A mí también me tranquiliza saber, escribir me centra y me encanta que pueda ser de utilidad a otros.
      Al terminar la quimio, tendré varias semanas con radioterapia, así que pronto estaré investigando, pero también preguntando a un par de amigas sobrevivientes de cáncer de mama, sobre sus experiencias y a un par amigos, sobrevivientes de LH y LNH sobre las suyas. La de ellos probablemente se parezcan más a la radio que me tocará, aunque con algunos cambios de tecnología, porque hace mucho tiempo que se la hicieron.
      No tengo mucha idea de tu sarcoma, pero si en algo pudiera servirte lo que investigue, cuenta con que escribiré sobre ello.
      Un gran abrazo, mis mejores energías para el éxito tu proceso. Seguiremos en contacto.

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