En Clave de FA (LNH – Estadio 2)

clave de fa

La Fibrilación Auricular, conocida como FA en los bajos fondos, es una de las arritmias más frecuentes.

Se vive como una taquicardia intensa, es decir, con el corazón acelerado y palpitando con mucha fuerza desde el centro del pecho hacia la garganta, pero con irregularidades en los latidos.

En mis anécdotas con la arritmia, la primera que me viene a la memoria, sin fecha, o si fue la primera o la segunda vez, recuerdo que estaba, al final de la tarde, en la oficina de Asamblea de Educación escribiendo algo, cuando al corazón le dio por alebrestarse. Llamé a la emergencia de mi seguro. Cuando me pidieron tomarme el pulso, descubrimos que estaba sobre los 160 latidos, por lo que, me sugirieron ir a la emergencia de la clínica, así que me monté en el carro y arranqué. Al llegar, después de evaluarme, me inyectaron un betabloqueante, me pararon la arritmia y me mandaron para la casa.

Los informes recuerdan que la primera vez que fui a un médico a evaluarme por ella, fue en el 2006. El informe del electrocardiograma decía algo tan poético como “aleteo auricular”, sonaba como si el corazón quisiera liberarse de algo, emprendiendo vuelo.  Al electro siguió un eco que tenía muchas fotitos, medidas y gráficos, acompañados de un informe redactado, menos poéticamente, con un total de 59 palabras que incluían los nombres de las partes del corazón evaluadas y términos, en el mejor de los casos, exóticos, intercalados con la palabra “normal” unas 10 veces, lo que indicaba que la cosa no estaba realmente mal, ni ligeramente.

En el 2008 debo haber tenido algún episodio arrítmico, una evaluación general o quién sabe qué porque no lo recuerdo, pero me mandaron a pasear 24 horas con un Holter coincidiendo con una entrevista de radio con la querida Mary Montes. En la radio, algunos pusieron cara de susto, pero se les pasó cuando les conté que la idea era pasear con eso y haciendo las actividades tal como estaban planeadas, para que se pudiera apreciar si había algo por lo que preocuparse. Obviamente, muchas páginas de informe después, el Holter concluyó que no había nada que temer.

Después de eso y casi recién operada del By-Pass, por un malentendido nutricional, tuve un par de espisodios. El primero lo pasé en casa sin tener muy claro lo que estaba sucediendo y el segundo, me llevó a una emergencia a tener el desafortunado encuentro con el cardiólogo, con complejo de House, del que les conté en el pasado post.

Hasta ahí las historias relacionadas con la arritmia.

Entre los días 6 y 7

En las evaluaciones que se hacen antes de las operaciones y de aplicar tratamientos como las quimioterapias, la realización de electros y ecocadiogramas es obligatoria, más cuando se trata de un paciente que, como en mi caso, tiene algún tipo de antecedente.

El informe del ecocardiograma pre-quimioterapia, fue espectacular, porque de las 12 cosas que reportaba, 11 terminaban la frase con la palabra “normal” y la otra con mmHg.

A pesar de lo maravilloso que estaba mi corazón previo al tratamiento, el aumento de la frecuencia cardíaca y la producción de arritmias, están identificados como eventos con cierta probabilidad de ocurrencia, como efectos secundarios durante la quimioterapia -aunque no me metí a investigar detalles sobre el tema (que raro, ¿no?), ese dato se puede encontrar con facilidad como parte de la información asociada a este tipo de tratamiento.

Como recordarán, en mi caso, los días de mayor probabilidad de manifestación de efectos secundarios de la quimioterapia, son el 6to y el 7mo  y esta vez, entre uno y otro, a la 1:15 am, me despertó el corazón alebrestado.

Mi primera reacción, aún sin terminar de despertarme, fue tratar de respirar y relajarme, pensando que se trataba de una simple taquicardia, pero al pasar los minutos terminé de despertarme y entendí que solo taquicardia o no, era importante ponerle atención.

Como en otras oportunidades, llamé a la emergencia de mi seguro, pero los protocolos de atención al cliente se han modificado -quizá pensando que más complejos son más eficaces-, por lo que la experiencia en este caso no fue tan buena. Creo que con la modificación olvidaron que cuando una persona llama a emergencias en la madrugada, lo que quiere es conversar directamente con un médico que le indique qué hacer.

Después de reclamar a la operadora de atención al cliente, cosa contraindicada cuando la llamada se relaciona con eventos cardíacos, logré que me pasara con una Dra. con la que conversé un rato. Ella me pidió tomarme el pulso. En ese momento, aunque me resultaba complicado contar -creo que por la arritmia, aunque no lo pensé entonces- mis latidos no bajaban de 150. Ante eso, muy tranquila, me sugirió esperar una hora a ver si la cosa se quitaba.

En lo que he evaluado como un error de mi parte, producto de la pérdida de memoria corporal que separa a una FA de otra por años, decidí, en lugar de arrancar a emergencia, tratar de que se me quitara respirando y relajándome. Pasada la hora, aunque la frecuencia cardíaca seguía siendo alta y la irregularidad del latido evidente, tal como me indicó la Dra, decidí tratar de seguir relajándome y dormir.

Me desperté temprano, le escribí a mi oncóloga contándole lo sucedido y ella, sabia y responsablemente, me indicó ir directamente con mi cardiólogo. Claro, él no estaba de consulta y buscando opciones, llegué al cardiólogo que me hizo la evaluación pre-quimioterapia y cuando logré sentirme algo segura, me monté en mi bólido y me fui a la emergencia de la clínica en la que la secretaria del Dr. me había dicho que estaba de guardia.

Karla, Yelitza y AlanBrito

En emergencia me recibieron doctores y enfermeros. La primera enfermera encargada de tratarme, se llamaba Karla. A ella, la Dra residente de ese turno, le indicó enchufarme a un sistema de monitoreo cardíaco, hacerme un electro, tomarme unas muestras de sangre para exámenes de laboratorio y colocarme una vía.

La muy simpática Karla me tomó una vía que parecía buenísima pero que estaba pichirrísima porque no soltaba sino unas gotas de sangre, así que decidió ordeñarla. Sí, literalmente ordeñada. El ordeño sólo arrojó un tuvo de sangre, por lo que llamaron a laboratorio para que me tomara los otros dos restantes, de otra vena.

El cardiólogo llegó, me interrogó, me evaluó e indicó que me hidrataran y paralelamente, me suministraran un “juguito” intravenoso a lo largo de 24 horas. Para poder observarme y que, de paso estuviera más tranquila, ordenó que me subieran a terapia.

Mientras el seguro se tomaba su tiempo para aprobar el pase a terapia, pasaron horas en las que Karla y luego Yelitza, la enfermera que tomó mi caso con el cambio de turno, miraban el monitor y se hacían las locas.

El propósito del “juguito” era inicialmente bajar la fecuencia y finalmente revertir la arritmia, pero la cosa no se daba con facilidad. Mi hipótesis es que estaba en emergencia, con gente, enfermos y accidentados, con caras de sufrimiento, entrando y saliendo; pero especialmente, con los monitores a mi espalda, pero a todo volumen.

Imaginen el cuadro: de espaldas enchufada a cables y vías, y -aunque sin poder ver la frecuencia cardíaca, ni los raros picos en la línea del monitor que registra que regularidad de los latidos-, escuchar la velocidad y el reborboteo típico de la arritmia… no hay método de meditación que no sea fingir la sordera, que permita ignorar los síntomas y lograr la calma.

En el ínterin apareció Alan, el chico encargado de pasearme a la velocidad y con la pericia de un piloto de fórmula 1, entre emergencia y rayos X para hacerme una placa de tórax. Alan se presentó como Alan… Brito y se rió vacilándose, con mucho humor, el mote que sus compañeros en la clínica le han puesto. El paseo con Alan fue tan fantástico, como enternecedora su muestra de enamoramiento cuando, al regresar a emergencia, le preguntaba a Yelitza por una colega.

18 grullas como el país

A pesar de que llevé la computadora y en ese momento, me dejaban usar mi celular, no me puse a trabajar y casi no interactué por las redes sociales, porque con el sonido de los monitores y sin poder avisar a mis familiares en Tenerife, poco podía decir sin que nadie se alarmara, hasta saber cómo evolucionaba la cosa.

Eso sí, doblé, numeré y rotulé 18 grullas, aunque ni los números, ni la PAZ, ni los DDHH me quedaron como quería, porque tenía en uno de los índices, una pinza para registrar el pulso que dificultaba mi escritura.

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Un poco maltrechas, como el país, ¿no les parece?

Aunque el país no está nada más un poco maltrecho y la pinza que le impide al gobierno que los números, la PAZ y los DDHH estén como corresponde, la deben tener, algunos, en un sector del cerebro, pero todos, bloqueándoles la consciencia y el corazón. Sólo así es posible explicar: “11 niños hospitalizados por posible efecto adverso de quimioterapia” (reseña en @ElNacionalWeb)

Con las horas y gracias al “juguito”, la frecuencia cardíaca que, tal como me contó Karla al día siguiente, superaba los 180 cuando llegué, comenzó a ponerse decente, aunque fluctuaba para no complacer a los que monitoreaban mi estado.

Finalmente, llegó la orden para subirme a terapia. En ese momento, SuperCathy estaba conmigo, así que todos emprendimos el camino a la UCI.

Cambio de clave o la cobardía en clave de FA

Salimos del ascensor, le dieron a SuperCathy morral, ropa, chaqueta y gorra, le indicaron dónde estaba la sala de espera y me enfilaron hacia el cubículo 1 de terapia. Allí, una vez enchufada a los aparatos y presentado el Dr. Nelson -el médico de guardia-, la enfermera que me trasladó, comenzó a reportar mi cuadro. Mirando con curiosidad al monitor dijo:

– ¡La paciente ingresa por una FA, que ya no es FA!

Obviamente nos reímos y concluimos que de saber de la cobardía de la FA, que con pisar terapia se iba, hubiésemos pedido que me subieran directo, al llegar en la mañana.

Mariana y Karen

El resto de las 24 horas, mientras pasaba el “juguito”, fue largo pero tranquilo y con pocas visitas, pero muy buen trato. Como habitante temporal del cubículo 1, fui tratada y consentida por Mariana y Karen, las enfermeras encargadas de mi caso, en los dos turnos que me tocó pasar en terapia. Bueno, ellas, otras enfermeras que me monitoreaban ocasionalmente, y el personal de mantenimiento, eran todos simpáticos y cálidos.

También me reí mucho con el Dr. Nelson y la Dra Cita, ambos con un excelente sentido del humor y un muy buen trato al personal. (la verdad es que no le pregunté a la Dra. como se escribía su nombre, pero ella, a la que había conocido el día anterior en emergencia, fue la que recibió la guardia de terapia, cuando terminó el turno nocturno).

En la sala tenía un televisor, con no muchos canales, con el que me entretuve mientras no dormitaba. A medida que iba pasando el tiempo y que iba descubriendo algunas facilidades que ignoraba al principio -como por ejemplo que podía quitarme, a ratos, la pinza con la que monitoreaban el pulso desde uno de mis dedos-, la frecuencia cardíaca bajó notablemente y la arritmia se revirtió totalmente.

Además de mi compañía y visitante recurrente, SuperCathy, a la sala de espera llegaron en distintos momentos, Lila y Nadesda que no pudieron entrar a visitarme porque no coincidieron con las horas de visita; Tina y Karla  que, como SuperCathy, estaban a la hora de visita y tuvieron unos minutos para visitarme; y Rosalexia, que no sé qué le diría al personal de guardia, pero consiguió sus 5 minutos para pasar a regañarme, perdón, visitarme.

En terapia coincidí con, al menos, 4 personas, un par de ellas en estado bastante inestable y delicado, de acuerdo a los comentarios de médicos y enfermeras, pero sobre todo a la cantidad de veces que las alarmas de sus monitores se disparaban.

Allí, era la paciente más estable y en mejores condiciones, a la que ya sólo le tocaba observación.

Terminada la administración del “juguito” y revertida la arritmia, a pesar de que me dijeron que no me enviarían directo a la casa, me dieron la buena noticia de que sólo estaría en observación un poco más para garantizar que la FA no regresara. Me dijeron que probablemente me pasaran a una habitación, pero que si no había disponible, me quedaría el resto del día en terapia.

– ¿En terapia? con el frío que hace…

Esa frase a modo de ruego, hizo que los médicos re-evaluaran la situación y al rato, llegó la Dra Cita con la buena noticia:

– ¡Te vamos a dar de alta y podrás irte a tu casa!

Para cerrar el alta, el Dr Germán, el cardiólogo, llegó a visitarme -era la tercera o cuarta vez desde que estaba en terapia-, me asignó el tratamiento, llenó el informe y finalmente, el cambio de clave se materializó.

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Acerca de olgaramos

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Esta entrada fue publicada en #DDHH, Caracas, Cáncer, Derechos Humanos, Estadiaje, Fibrilación Auricular, Linfoma, Linfoma No Hodgkins, LNH, Poesía, Quimioterapia, Tratamiento, Venezuela. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a En Clave de FA (LNH – Estadio 2)

  1. Elena Estaba dijo:

    Ay amiga querida, en ese trance de las fibrilaciones auriculares me encuentro yo….se lo angustiantes y descalabrante q pueden ser! Cuidate mucho…yo hago otro tanto. Un beso grande

  2. César Briceño-Rosales dijo:

    Amiga lamento mucho tus problemas de salud. Me tranquiliza saber que lo tomas con humor. Tampoco sabia lo de Elena. No se si sabes que vivo en España. Aquí me tienes a tu orden. Un fuerte abrazo.

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