Slow motion – Low Intensity o, a ratos, talento (LNH – Estadio 2)

Slow motion – Low Intensity

Como el país, mi vida entró en una suerte de cámara lenta.

Como más lento,

para poder ingerir los nutrientes adecuados,

tomo agua en pequeñas dosis y lentamente,

-más de lo que exigió el cambio de velocidad después del by-pass gástrico.

Camino más lento -a veces-,

leo, corrijo, analizo, produzco, escribo,

con más pausas.

En ocasiones, no muchas,

hasta hablo más lento.

Miro, escucho, con pausa, decido, actúo.

Como diría mi querida Lidia, en esta etapa de mi vida, tengo mucho talento: ¡taaaaaleeeeeentoooooo!

No puedo estar en todo lo que quisiera, como en la reunión que esta mañana celebró un grupo de organizaciones del sector, para pensar y construir acuerdos sobre la agenda legislativa deseable y posible en educación.

Estoy a ratos, como ayer en la tarde, en el pre-jamming que se llevó a cabo en la Librería El Buscón. Eso sí, saboreé una parte de la magia fraguada por las voces de Edda Armas, Alfredo Chacón y Eleonora Requena; tomé unas fotos, sonreí y abracé a gente muy querida, hasta que mi cuerpo reclamó descanso y fui antes de que terminara.

Debo confesarles que no estoy para nada acostumbrada a esta versión de slow motion que le da una suerte de low-intensity a mi vida y que, como sabrán los que bien me conocen, más de una vez, me desespero.

A veces invento, a pesar de mis propios consejos, los que me doy reiteradamente -y bueno, los de mi familia, los de Tina, Iruña y Karla, y los de quién me agarre justo en el trayecto, incluyendo a mis estudiantes-, y termino abusando un poco, como hace un par de días cuando, investida de mi vena quijotesca, me dio por recorrer supermercados para buscar un par de cosas que necesitaba y terminé, en la cola para pagar del último, con lo que en este país conocemos como un pre-yeyo, que no llegó a mayores, gracias a la infinita y generosa solidaridad de gente desconocida, comenzando por la cajera quien, amablemente, me cedió su silla.

(Al respecto, no puedo dejar de contarles que tenía tres personas delante en esa cola para pagar. El primero, llevaba una pequeña compra, sólo comida, pero necesitó usar 3 tarjetas para pagarla. En la desesperación de mi malestar, me parecía poco sensata su estrategia. Lo mismo le sucedía a las otras personas de la cola, incluso a la cajera. Pero, cuando me senté a coger mínimo y pude ponerme en su lugar, ya con un poco de fuerzas, entendí que, a pesar de todo el tiempo que se tomó, si no hubiera tenido 3 tarjetas, ese joven señor, no hubiera podido llevar la comida para su casa. Eso, y en retribución a una solidaridad diferente, le comenté a la cajera cuando llegó mi turno y me cobraba).

 

Eso sí, el slow-motion tiene sus ventajas:

las miradas son más profundas,

las sonrisas más cálidas -comenzando por la interna-

y los abrazos,

duran y se disfrutan más.

PS para mis incansables animadores y protectores: no comparto ésto para que se angustien. Estoy bien, sigo animada y feliz. 😛

PS para todos: con un par de ajustes de tratamiento y de alimentación y a pesar de un efecto secundario nuevo, este post-ciclo, me he sentido muchísimo mejor que el primero. 😉

 

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Acerca de olgaramos

Twitter: @olgaramos
Esta entrada fue publicada en Caracas, Cáncer, Estadiaje, Linfoma, Linfoma No Hodgkins, LNH, Quimioterapia, Salud, Silencio, Tratamiento, Venezuela. Guarda el enlace permanente.

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