¡Estamos en Venezuela! (LNH en estadiaje – 3)

Cuando escribí la primera nota “en estadiaje”, les comenté que tenía algunas cosas en el tintero. Una de ellas se relaciona con la frase que da título a este post: “estamos en Venezuela”. Así que aprovechando que acabo de tener otra dosis de “ubicación nacional”, escribí este post en dos partes: Episodio vespertino y “modo antecedentes“.

Episodio vespertino 1: Paseando entre oficinas

¿Recuerdan que mandaron a revisar los resultados de la biopsia y de la inmunohistoquímica para resolver la contradicción pasivo-agresiva del LNH?

Pues bien, hoy me llamaron para avisar que los resultados estaban listos, que podía ir a buscarlos y, de paso a pagar, por tratarse de un servicio de anatomía patológica que no está asociado a mi seguro.

Llego a la taquilla y la chica, que es muy simpática y amable, recibe la factura de la biopsia (que fue lo primero que tuvieron que revisar antes de decidir si repetían la inmunohistoquímica y por lo que pagué cuando dejé las muestras) para tomar, de allí, los datos para la nueva factura, y de paso, ubicar los resultados preliminares.

Bueno, algo tan sencillo como elaborar una orden de pago, ir a caja, pagar y regresar con el original y una copia de la factura a retirar los resultados, se convirtió en un paseo oscilatorio entre el servicio de patología y la caja, incluyendo un pase por el archivo de historias médicas, al que también tuve que recurrir porque el sistema tiene un problemita por el que, a pesar de que dice 4 veces en el formato que soy venezolana, cuando escribe mi cédula en la factura, me identifica como extranjera. Afortunadamente, todo queda en el mismo piso.

La cosa más o menos fue así: la chica de recepción se demoró en hacer la orden, porque a pesar de que me habían llamado para decirme que fuera a buscar los resultados, éstos no aparecían. Al elaborar la orden, mi cédula aparecía como extranjera, – igual había sucedido en la primera factura- pero ella no podía modificar el dato, porque así aparecía en el sistema, por lo que me entregó la orden y me dijo que debía avisar a la persona en caja del error, para que no lo cometieran en la factura.

Cuando llegué a caja, orden en mano, hice una larga cola. Cuando me tocó el turno y le expliqué a la jefe de caja, que estaba coincidencialmente allí, que tenían que corregir un error que me hacía aparecer como extranjera en la factura, me mandó para historias médicas, porque corregir ese detallito escapaba a sus posibilidades.

Caminé hasta la oficina donde llevan las historias médicas, que es un depósito como los de los expedientes en las series policiales, pero gigante, ordenadito y luminoso, allí fue donde pude ver el formato donde aparecía 4 veces como venezolana, pero en una quinta me clasificaba como extranjera. Una amable mujer trató de hacer la modificación, pero, como el sistema no la dejaba, esperamos un par de minutos para que otra, un poco más joven que ella, pero con la clave, hiciera el cambio.

Listo el cambio, regresé a caja y me atendieron directamente. Me cobraron y cuando me dieron la factura, solicité que me dieran la copia amarilla para entregarla en patología. La chica que estaba allí, me dijo que no tenían la copia amarilla, a lo que la jefe de caja que aún estaba con ella, le preguntó que si no tenían el formato chiquito y ella le dijo que tampoco, por lo que se volteó hacia mi y me dijo que me fuera así, que les dijera que no tenían la copia amarilla y que allá tenían que entregarme los resultados.

Llegué a la taquilla de patología y la recepcionista me preguntó por la copia amarilla. Le conté lo sucedido y le dije que llamara para que ellos le explicaran lo que sucedía, porque yo no podía hacer más nada. Llamó y no le contestaron. Llamó a otro servicio cercano y le dijeron que no había nada que pudieran hacer. Finalmente, llamó a otro sitio y nada.

Ante eso me dijo: creo que tiene que ir de nuevo y solicitar la copia amarilla o que le den una constancia.

Yo la miré y le dije: está bien, pero anota en tu bitácora, para que quede constancia, que los pacientes no podemos resolver los problemas administrativos que Ustedes tienen.

Llegué a la caja y le repetí a la chica -ya no estaba la jefe de caja-, que necesitaba la copia amarilla. Otra cajera, que escuchó lo que solicitaba, la miró y le dijo, agarra y dale la copia amarilla. La cajera que me atendía, le preguntó, ¿pero cuál?, a lo que ella le señaló una pila con todas las facturas que habían sacado recientemente. La cajera que me atendía, levantó las facturas y todas, absolutamente todas, incluyendo la mía, tenían pegada una copia amarilla. Desprendió la copia de la mía, me la dio y me fui.

Una vez de regreso le entregué la copia a la chica de recepción, ambas comentamos ligeramente sobre el incidente y ella procedió a darme los resultados.

Episodio vespertino 2: Una de manipuleo

En lo que abro la carpeta para verificar que los resultados estaban completos, veo que hay un sólo informe y que no contiene ni la mitad de los datos de los exámenes que mandaron a revisar, por lo que, aplicando lógica elemental, le pregunto a la recepcionista, por qué, si esos análisis eran la repetición de los anteriores, para verificar si los resultados eran los correctos, había “marcadores” que no aparecían como analizados.

También le pregunté por los primeros resultados, los de la revisión de la biopsia. Esos los buscó, no los encontró y como no sabía qué había pasado con ellos, sólo atinó a decirme que los resultados no estaban porque yo había llevado las muestras.

La pregunta sobre los marcadores dio origen a un intercambio con la siguiente dinámica: yo le hacía una pregunta a la recepcionista, ella iba y se la hacía a alguien dentro del servicio y regresaba con una respuesta, casi idéntica a la anterior, y obviamente, insatisfactoria.

Eso sucedió varias veces, hasta que, como tanto va el cántaro a la fuente, salió una persona que, entendí inicialmente que era patólogo del servicio, aunque dijo no ser quién había tomado decisiones sobre los análisis que hicieron a mis muestras.

Ya saturada de la tardecita y de las respuestas, intenté explicarle que mi lógica indicaba que el informe debía tener información que no estaba, que si los resultados del anterior eran dudosos y que si la idea era corroborar si estaban ajustados o errados, no tenía sentido que los análisis realizados a las muestras, fueran menos que los originales.

Mi preocupación y así traté de explicárselo a ella, era que si esos resultados no estaban, pero debían estar, tendría que esperar más tiempo para que los volvieran a analizar y, honestamente, más de 6 meses en este proceso, incertidumbre y angustia incluidas, era demasiado tiempo.

También le dije que si los análisis eran menos completos que los que hicieron en el servicio de patología de mi seguro, tendría que saber la causa para poder explicarle a mi seguro por qué los que ellos hicieron fueron cuestionados y debían ser razones para cambiar de servicio.

La conversación no fue muy fácil, a pesar de que se notaba de que ella hacia su esfuerzo. Pero no era fácil porque creo que ella partió de la premisa de que la única explicación que yo podía aceptar era la que ya me había hecho llegar varias veces con la chica de recepción.

En ese momento, también trató de “tranquilizarme” aclarándome que si después se necesitaban esas pruebas, las que no veía en los resultados, me las harían sin cobrarme nada adicional, como si el tiempo que pasaría para que las solicitaran y las tuvieran, no fuese relevante.

Pero ese intercambio tenso, pudiera haber pasado como uno normal, entre personas con perspectivas y expectativas diferentes sobre los resultados del mismo, si no hubiera terminado entre sugerencias de “buena energía” y manipulación.

Honestamente, no recuerdo los detalles y la secuencia con precisión, porque me molestó e impactó tanto que decidí dar por terminado ese intercambio.

Pero más o menos, cuando a su intento de “tranquilizarme” sin contestar mis preguntas, le respondí diciendo que tenía 6 meses con la incertidumbre de no tener completo el diagnóstico y que no quería correr el riesgo de que se siguiera postergando porque los análisis no estuvieran completos, que eso, para mí, era insostenible; ella me dijo que fuera con mi mejor energía a la próxima cita con mi médico, pensando que en iba a tener las respuestas que necesitaba y que seguramente no harían falta datos adicionales.

¿”Mi mejor energía”? que me hubiese dicho eso mi mamá, mis hermanas, mis amigos, o mis panas, vaya y pase, pero que me lo dijera una médico, fue demasiado para mi gusto. Por lo que le dije que apelar a la “buena energía” no era algo que esperaba como respuesta y que, en todo caso, la “buena energía” no había ayudado a disminuir la incertidumbre, hasta ahora.

Fue ahí cuando pasó a la fase del manipuleo. Me dijo que angustia e incertidumbre teníamos todos, que era la situación que todos vivíamos en Venezuela. Que por ejemplo, en su caso, su papá tenía cáncer y su mamá estaba en silla de ruedas, que a su esposo casi lo matan la semana pasada y que como ella, todos estábamos angustiados.

Creo que no la miré con suficiente asombro, porque no se dio por aludida. Pero considero que la política del manipuleo como respuesta, no es aceptable.

Creo que esa doctora, patólogo, trabajadora del servicio responsable de analizar nuevamente mis muestras para resolver la contradicción que arrojaron los resultados previos, debe pensar que contarme unas tragedias, que podían ser las suyas o las de la señora que estaba haciendo la cola en caja antes que yo, se podría considerar argumento suficiente para no responder satisfactoriamente a mis preguntas.

Intentar manipularme y matarme con la lógica de la “buena energía” y la actitud positiva, como si no se tratara de responsabilidad, la de ella como médico y la del servicio en el que trabaja, sobre el contenido de mis resultados, era demasiado; como si fuera lo mismo, como si la seguridad de su esposo, y la salud de sus padres, dependieran de mi trabajo, y fuese aceptable que, manipulación mediante, intercambiáramos angustias como barajitas.

(Al llegar a la casa y volver a leer el breve informe, entendí que los resultados de la revisión de la biopsia se podían considerar “incluidos” en una de las líneas del informe de la inmunohistoquímica, lo cual habla muy bien sobre la actitud ecológica de ese servicio de patología. Pero también entendí que ella, mi interlocutora, no sólo era patólogo del servicio, sino una de las personas que, tomara o no, decisiones sobre los “marcadores” a incluir en el análisis, firmaba el informe de resultados)

Creo que esta doctora no entendió que mis resultados estaban en sus manos, aunque todos estemos en Venezuela.

Modo antecedentes 1: Reintegro de vacaciones anticipado

Como recordarán, después de meses de espera y brega, los primeros resultados “concretos” de diagnóstico, llegaron en navidad. Obviamente, con el panorama que produce un mal diagnóstico (malo por partida doble, por la noticia y por no estar completo), mi decisión fue regresar a Caracas el 3 de enero, para amanecer el 4 buscando cita con el médico (oncólogo-médico o hematólogo-oncólogo) que asumiera mi caso, terminara el diagnóstico y que me dijera cuál sería el tratamiento.

Bueno, un previo: el fin de semana previo, me metí en Internet para buscar en la página de la clínica, las señas de un servicio de oncología al que me remitió mi médico. La página, bien gracias, caída. Pero con la terquedad que me caracteriza, me puse a navegar y apareció otra, una página propia del servicio en cuestión. En esa web ofrecen dos formas de comunicarse: el enlace típico de “contáctanos” y uno que te permite solicitar una cita, de acuerdo a las opciones, aunque sea por primera vez.

Escribo en ambos formularios y espero el correo de confirmación de envío, que no llega.

Es por eso que recién llegada a Caracas, me levanto y, aprovechando que es día laboral, llamo al servicio y pregunto si recibieron mi mensaje con la solicitud de la cita enviado por Internet. La chica que me contesta, con mucha amabilidad, me informa que, para pedir una cita por primera vez, debía ir, llenar una planilla y entregar los informes, a partir de lo que una “junta médica” estudiaría mi caso y decidiría darme la cita.

Mientras la escuchaba, me preguntaba cuál era la utilidad de colocar en el cuestionario de solicitud de citas por Internet, como opción “por primera vez”, si no se podía usar ese mecanismo para solicitar ese tipo de citas. Claro, mientras pensaba en eso, el requisito de una “junta médica” estudiando mi caso para decidir si me daba cita, secuestró de golpe mi atención.

Si todavía tengo que pasar por una “junta”, la cita puede no ser tan inmediata como pensaba, pensé, por lo que decidí terminar esa conversación, lo antes posible, preguntando el horario, diciendo que iría de una vez y como hice previamente en el correo, aclarando que iba por mi seguro. Dicho ésto colgué.

Mientras imprimía el último informe para entregarlo, tuve un intercambio con una amiga médico que, tratando de explicar qué podría justificar que una “junta médica” conociera mi caso para decidir si darme, o cuando darme la cita, me dijo, especulativamente, que dado lo saturado que está el sistema de salud y que muchos médicos,para la fecha, aún no regresaban de vacaciones, quizá, en el servicio, debían dar prioridad a los casos más graves.

En otras palabra, me dijo que como estamos en Venezuela, hay que administrar los pocos recursos existentes, dando prioridad a la gente con la enfermedad muy avanzada. Visto en frío, y si se tratara de cualquier dolencia curable en cualquier estado, me parecería un argumento razonable, pero tratándose de una enfermedad que si no se atiende oportunamente, puede perderse el chance de que el tratamiento funcione, no me resultó nada convincente. No creo que un criterio aplicable para otorgar o no una cita oncológica sea que, por estar en Venezuela, todos debamos esperar a estar graves para que nos traten. Obviamente, hay un problema de fondo, en el argumento y en el sistema.

Para no hacerles el relato muy largo, justo antes de salir recibo una llamada y un correo que me indican que, en la misma clínica, tengo 3 opciones para conseguir una cita. No podría estar más contenta, porque así fuera aplicando el dicho, “a la tercera, va la vencida”, no saldría de esa clínica sin una cita y quizá, hasta con una buena fecha, con un médico de esos que tienen oncólogo de nombre o de apellido.

Modo antecedentes 2: No te vistas que no vas

Round 1: Llego al servicio de oncología contactado por Internet y por teléfono y después de saludar e identificarme, cuando comienzo a suministrar mis datos y le recuerdo a la recepcionista que voy por mi seguro, me mira y me dice: “ay, disculpe, pero no estamos recibiendo pacientes de su seguro por el momento”.

La miré, sin entender y preguntándome ¿por qué no dijeron eso por teléfono?, respiré profundo, pensé en que ya no tendría que “esperar” por la respuesta de la “junta”, recogí los sobres con los informes, me di media vuelta, me tropecé, y me fui.

Round 2: Caminé hasta el consultorio de la segunda opción, una Doctora que me han recomendado muchísimo. Estaba cerrado, obviamente seguía de vacaciones, algo que debí sospechar porque mientras imprimía llamé varias veces y no contestaron.

Me senté en el pasillo, volví a respirar, cogí mínimo, me levanté y me encaminé al otro servicio recomendado.

Round 3: Bajé dos pisos por las escaleras y llegué a la ventanilla.

-Hola, buenas tardes, me diagnosticaron un LNH y me mandan de mi seguro a solicitar una cita con un médico oncólogo para que me trate y me ayude a terminar el diagnóstico.

-Pero este es un servicio de radioterapia, señora. Me responde el chico de recepción, con cara de asombro.

-Ah caramba, pero para acá me mandaron del seguro, pensé que aquí era donde me indicarían quién podría ser mi nuevo médico.

-No sé que decirle señora, pero aquí lo que hacemos es tratamiento con radioterapia y arriba, se trata la gente que necesita “quimio”.

No puedo quejarme de la amabilidad del chico que, además de escucharme y responder mis preguntas, me ofreció, sin juntas médicas que mediaran, una cita con uno de sus médicos, la semana siguiente, para que él me dijera si podían atenderme allí.

Obviamente, me anoté en la cita para no irme con las manos vacías, pero sin entender cómo funcionaba el sistema: Si tenía que ir a un médico para que terminara mi diagnóstico y, después decidir el tratamiento, ¿por qué mi médico anterior y mi seguro no me remitían directamente a uno, en lugar de sugerirme que fuera a servicios que trabajan de antemano, con un tipo de tratamiento? ¿Será que se trata de un problema de organización del sistema?

Pregunté en varios sitios, y aún espero las respuestas.

Como me dijo un buen amigo, eso sucede también, porque estamos en Venezuela.

PS: al final, no usé la cita que me dio ese amable chico, de hecho, le avisé que la suspendía para que otra persona pudiera aprovecharla, en lo que encontré una ruta para enfocar mis esfuerzos a solicitar admisión en la unidad oncológica en la que, actualmente, me están atendiendo.

 

 

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Twitter: @olgaramos
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