2648 pasos (LNH en estadiaje – 2)

Al margen de la contradicción pasivo-agresivo de mi caso, precisar el diagnóstico de un linfoma pasa por lo que los médicos denominan “estadiaje” para lo que se requieren una serie de pruebas de laboratorio y unas tomografías.

Una de laboratorios

Como “estamos en Venezuela” para  hacerse unos exámenes de sangre hay que:

1. Hacer un censo de laboratorios e identificar los que cumplan con 3 condiciones: accesibles geográficamente, con costos al alcance del bolsillo o cubiertos por el seguro (para quienes gozan de uno con esa cobertura) y aunque parezca obvio, que realicen todos los análisis que te solicitan. Parece obvio, pero con las dificultades de los laboratorios para obtener reactivos, hay algunos que cuentan con los equipos y el personal para hacer de todo, pero sólo pueden hacer un perfil 20.

2. Consultar con los médicos tratantes y con otras fuentes autorizadas, la calidad del laboratorio seleccionado. Este es un paso que no puede saltarse, porque la consecuencia de equivocarse en la selección, es tener que repetirse los exámenes con los costos, en dinero y tiempo, asociados.

3. Programar el día de la toma de muestra para lo que debes conciliar tu agenda con: el tiempo de ayuno que se requiere en la mayoría de los exámenes (no menos de 12 horas ni más de 14), las restricciones de horario para la toma de muestras de cada laboratorio y la identificación de la mejor hora para ir, de acuerdo a la cantidad de gente en cola, porque los laboratorios con reactivos, tienden a atiborrarse de gente y aunque parezca poco probable, se corre el riesgo de que te pases de las 14 horas de ayuno, en la espera.

De los 8 exámenes de laboratorio que me mandaron, logré conseguir laboratorios con los reactivos para 7 y medio y hacérmelos en dos tandas (dos días y dos laboratorios atiborrados de gente, al filo de las 14 horas)

Llegando al laboratorio de la segunda tanda, coincido en el ascensor con una niña, ataviada con un mono verde tipo médico, tapaboca y sin cabello. Iba de la mano de su madre. Se veía cansada.

Después de tomar número, hacer los trámites correspondientes, indicando en el récipe los exámenes que me faltaban, me senté a esperar al lado de una mujer embarazada que, por su cara de dolor y su dificultad de movimiento, parecía haber comenzado el trabajo de parto. Estaba esperando cuando llegué y coincidimos en la toma de la muestra, por lo que me pregunté: ¿qué es de la vida del tratamiento preferencial a las personas embarazadas? ¿no debería haber, al menos, una taquilla y un cubículo, para la toma de muestras, que permitiera que embarazadas, personas de la tercera edad y con necesidades especiales, no tuvieran que calarse la misma cola que cualquier persona?

Llegado mi turno, entro y me toca un cubículo sin enfermera. Me siento y respiro profundo, porque unos cubículos más allá, al fondo, se escucha el llanto desesperado de un niño que batalla con quién trata de sacarle la sangre. Pobre criatura, pienso, mientras respiro y espero.

Casi con el fin del llanto, aparece la enfermera de mi cubículo, una chica joven, con muy buena mano (me tomó la muestra a la primera sin dejar evidencia del pinchazo) y excelente persona.

Mientras me prepara, conversamos sobre el llanto. Le confieso que mientras lo escuchaba, me preguntaba si existiría alguna manera de enseñar a los niños a no tener miedo a las inyecciones. Por su respuesta, entiendo que no estaba en su cubículo cuando llegué, porque la llamaron para ayudar a tomar esa muestra, por lo que le pregunto la edad del niño.

– es una niña de 6 años, me dice.
– bueno, con 6 años quizá se podría buscar alguna forma para ayudarle con ese miedo, pienso en voz alta.
– pero es una niña con cáncer y se tiene que estar haciendo exámenes con mucha frecuencia, completa ella.
– ¿6 años? ¿por qué tiene que pasar una niña de 6 años por eso? Sigo pensando en voz alta.

Al salir, veo que es la niña del ascensor la que lloraba desesperada y asustada cuando le sacaban la sangre.

Unas tomografías y un ecocardiograma más adelante, las conversaciones con los técnicos y las enfermeras, me permiten entender que las personas con tratamientos oncológicos, tienen controles muy frecuentes que incluyen monitoreo cardíaco, en algunos casos y exámenes de laboratorio, en todos y que el uso de algunos tratamientos debilita las venas dificultando aún más, la toma de muestras.

Sólo espero que el tratamiento, en el caso de esa niña, dé resultado muy pronto.

2648 pasos y una mariposa

Aunque parezca de perogrullo, no es lo mismo hacerse una tomografía sin contraste, que una con contraste y mucho menos, que una con doble contraste, porque más allá de pasar por el parto de conseguir el contraste, dado que estamos en Venezuela, el tiempo de preparación y de duración del procedimiento, es muy diferente.

Una tomografía sin contraste, requiere de cita y el tiempo de duración es corto. Bueno, puede extenderse un poquito, si el procedimiento incluye más de una zona a examinar.

Una tomografía con contraste endovenoso, requiere de una cita, conseguir el contraste (bueno, o primero el contraste y luego la cita, dependiendo de lo lejanas que estas estén), 6 horas de ayuno y dura un poco más que una sin contraste, de acuerdo a la dificultad para colocar la vía, por donde pasará el contraste. En este caso, la mejor sugerencia es buscar un servicio de imagenología serio, en el que los técnicos y las enfermeras hayan estudiado el sistema circulatorio desde primaria (para más detalles sobre este comentario, pueden ver el post “Tomografía de No-vela”, que publiqué el 16 de agosto en este blog)

Pero las tomografías con doble contraste requieren cita, ayuno, tiempo (hasta más de 6 horas desde la esperadera, hasta la toma de imágenes), 2.648 pasos y contraste. También requieren de hidratación previa y  protección para los riñones que no se encuentra.

(Es importante la hidratación, me dice mi querida Kolotordoc -una gran amiga internista y nefrólogo, con quien me encontré en la primera tanda de laboratorio-, cuando le conté que estaba buscando el contraste para las tomografías.  Es importante hidratante muy bien, especialmente el día antes y después del procedimiento y es recomendable tomar un protector para que no se afecten los riñones.  Me dio un nombre que incluí en mi lista de cosas que buscar. Como no había en ninguna parte, me sugirió un sustituto que tampoco se encuentra en ninguna farmacia a nivel nacional. Afortunadamente, como no tengo antecedentes de problemas renales, pude prescindir de esa protección, pero me pregunto ¿cómo harán los que no pueden prescindir de ella?)

Del laboratorio me fui directo a hacerme las tomografías. Cuatro en este caso: cuello, pecho, abdomen y pelvis. Llegué, llené planillas y autorizaciones, entregué el contraste y me senté a esperar.

Como se acercaba una reunión de trabajo que tenía ese día y no veía que la cola avanzara, me acerqué a recepción a preguntar y me dijeron que no me habían preparado el contraste, porque los médicos que daban la autorización para hacerlo, no habían llegado. (Aprendizaje para la próxima: aunque en imagenología te digan que puedes llegar a cualquier hora porque llevas el contraste, no vayas después de las 11:30, ni antes de las 2 pm)

Visto que no tendría la tomografía a tiempo de llegar a la reunión y descubierto que con “doble contraste” se referían a endovenoso y oral, es decir, inyectado y tragado, logré cambiar el lugar de reunión para un cafetín cercano.

A las 2 pm me entregaron un litro de  contraste preparado y un vaso, tamaño jugo pequeño.  Las instrucciones: tómese el vaso a su ritmo, cuando termine cuente 20 minutos y tómese el siguiente hasta que le quede un vaso, cuente 10 minutos y nos avisa. Es importante que sea precisa con los 20 minutos entre vaso y vaso. Por cierto, después del segundo vaso, no puede ir al baño porque necesitamos que tenga la vejiga llena para las tomas. Y camine.  Es importante que camine para que circule el contraste.

Con mi litro de contraste y mi vaso subí a la reunión que, debo decir, estuvo productiva e interesante. Al finalizar bajé a la sala de espera y continué con la tomadera y, ahora sí, comencé la caminadera.

Al principio sólo daba vueltas por la sala de espera, pero al rato, el aire acondicionado me expulsó y opté por salir y dar vueltas por las áreas exteriores de la clínica. Claro, entre la brisa y la cantidad de horas sin comer, terminé turnando la marcha entre exteriores y estacionamientos.

Una app que vino preinstalada en el teléfono y que se activa cuando mejor le parece, iba contando mis pasos, estimando distancia y calorías consumidas.

image

2.648 pasos decía la pantalla de la app cuando llegó el momento de los 10 minutos para el último vaso.

Con una sonrisa de oreja a oreja me dirigí al mostrador, la chica de recepción, que a esa altura ya era mi pana, llamó a la enfermera y ésta le dijo que esperara un rato más caminando, que estaban atendiendo una emergencia.

Volví al estacionamiento a pasar esa espera con menos frío y ahí estaba ella, inmóvil y hermosa, posando para esta foto.

image

Al principio dudé en acercarme para no asustarla y que, en consecuencia, volara. Luego decidí acercarme sigilosamente. Afortunadamente, a pesar de ser mariposa y de que me acerqué bastante para tomarla, no movió ni una antena.

Terminando de tomar la foto, apareció la recepcionista, amablemente vino a buscarme, porque ya estaban listos para hacerme las tomografías.

Doblando el brazo, pero no tanto

Dos enfermeras, tres pinchazos, para tomar la vía, y el descubrimiento del mote “venas bailarinas” -usado por una de las enfermeras para designar a las venas que se mueven cuando las pinchan-, constituyeron la antesala a la sugerencia previa al procedimiento: recuerde que en ningún caso puede doblar el brazo, siempre debe mantenerlo estirado, derechito.

Tenía lógica esa sugerencia porque me tomaron la vía en una vena justo a la altura de la articulación del codo y el riesgo, según lo dicho por las enfermeras, aunque confieso que yo pensé en otros posibles, era echar a perder la toma de la vía.

Claro, la sugerencia entraba en contradicción con las instrucciones de Iván, el simpático técnico del tomógrafo, que, antes de comenzar el procedimiento, entró a explicarme que, a mitad de las tomografías, me indicaría que debía subir los brazos rápidamente, y que debería hacerlo cuando mi cuerpo estuviera dentro del tubo, por lo que era inevitable doblar el brazo.

Luego de un peculiar intercambio, logramos dar con la forma de pasar el brazo doblándolo lo menos posible y arrancamos el procedimiento.

Dato útil para el paciente: si se va a hacer una tomografía que incluya cuello y pecho, dígale a la enfermera encargada de tomarle la vía, que busque una vena que no le impida doblar los brazos.

Dato útil para los servicios de imagenología: establezca como parte de sus protocolos que todos los encargados de la preparación de los pacientes, incluyendo a la persona que termine tomando la vía, sean debidamente informados del tipo de examen a hacer y de los detalles clave en su desarrollo.

A 20 horas de ayuno, extenuada, me disponía a desayunar con una anticipada cena.

Dato útil final: aunque sus médicos no le cuente los procedimientos de cada examen con detalle, ni se los informen cuando solicite la cita en cada uno de los servicios, como debería ser, pregunte los detalles. Es necesario ser el fastidioso preguntón, antes de correr el riesgo de terminar con una agenda mal programada y nada recomendable.

Anuncios

Acerca de olgaramos

Twitter: @olgaramos
Esta entrada fue publicada en Caracas, Cáncer, Estadiaje, Linfoma, Linfoma No Hodgkins, LNH, Salud, Venezuela. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s