Desvarío a propósito del día del libro

…aunque no tenga nada que ver

Los recuerdos siempre nos traicionan.

Recuerdo cuando esperaba que cayera la noche para recorrer las calles como acostumbrado ejercicio. Recuerdo que lo hacía, pero ya no lo siento. ¿Cómo interpretar lo que nos pasa cuando se dejan de sentir los recuerdos?

Hoy,

esta tarde,

decidí caminar hasta la farmacia que me queda a 3 cuadras. No la escogí realmente, era la única que tenía un par de cajas del “remedio” que quería comprar.

Por primera vez, en muchos años -quizá debería decir demasiados-, sentí que no conocía ni una sóla parte del trayecto. Era la misma calle que ayer, que esta mañana, con los mismos carros pasando, los mismos edificios, la misma gente conversando en la acera, caminando o esperando el autobús en la parada de abajo. El mismo segmento del río, la misma panadería, los mismos bomberos.

Quizá lo más nuevo es precisamente la farmacia, aunque ya lleva un par de años en esa misma equina sin remiendo: mismo color, misma fachada, mismo mostrador, estantería, mismo silencio. Siempre ha sido una farmacia muy silenciosa.

En el recorrido las mismas calles, las mismas montañas y el mismo cielo. Las mismas pero de otro color. Era como ver otro paisaje, golpeado por el tiempo y el desprecio. Todo estaba gris, como ahumado. Ahumada la sensación de color, como de hollín en las paredes, pero ahumado también el aire con la desagradable y sutil cortina de humo blanco que no deja que se expresen, que ahoga la explosión de los colores.

Lástima que dejé el celular cargando y no tenía una cámara para guardar un registro de ésto, porque estoy segura de que la foto saldría como tomada por un lente empañado de sopor, de vacío y de silencio.

De silencio, porque a pesar del sonido de los carros circulando y las voces de la gente, se podía percibir, como telón de fondo, un claro y diáfano silencio. Y de vacío, porque a pesar de los muros, del asfalto, los niños jugando en la cancha y la gente caminando, este fragmento de ciudad se sentía vacío y sólo, impregnado de la soledad que da el hastío y el encierro.

Experimenté también la extraña sensación de mirar desde otro ángulo. ¿A Uds no les pasa que hay momentos que miran de frente y sienten como si hubiese cambiado el ángulo de su mirada, como si hubiesen crecido y pudieran mirar unos centímetros por encima de la visual de costumbre? A mi me pasa a veces, no muchas, pero a veces siento como si se ajustara mi punto de vista. También sentí como que se ampliara el campo que podía abarcar con una sola mirada. Es una sensación muy extraña, pero hoy me sorprendió que me pasara en la calle y que estuviera acompañada de la percepción de tanto silencio de fondo.

Claro, no es tan extraña como la percepción de la tristeza en el ambiente. Sólo me tropecé con dos sonrisas que resaltaban en el gris hollín de un paisaje absurdamente roído y sucio, como si cargara con el polvo resultante de la ausencia de la lluvia por meses.

Recuerdo cuando caminaba de noche sin sentir miedo, recuerdo que sucedía pero, aunque ya no puedo sentirlo, lo recuerdo muy vividamente cuando, como hace un rato, temblaba surcando, al caer la tarde, el mismo trayecto recorrido millones de veces, durante años.

Al regreso, el grito ensordecedor de las chicharras, a contramano con el tiempo, me evoca pasajes de mi infancia también caminando, pero sonriente al sentirme envuelta en su canto.

Canto ayer, hoy grito que acompaña el miedo. Y el vacío y el silencio arrullando los gritos de las chicharras, sin poder aplacarlos.

Ahora, llueve.

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Acerca de olgaramos

Twitter: @olgaramos
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2 respuestas a Desvarío a propósito del día del libro

  1. Rosa De Oliveira dijo:

    Olga me encantó y lo siento tan pero tan cercano, he sentido eso muchas veces, he vuelto a sentirlo en estos últimos días y tambien a veces me desenfoco, pero en mi caso es como mirar a una distancia mayor o menor de la que estoy. Me encantó leer estas líneas que expresan un sentir común, sentir sin sentir. Un abrazote

  2. osvaldopace dijo:

    totalmente identificado…excelente

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