Tomografía de no-vela

Les cuento que el viernes fui a hacerme una tomografía. La orden médica decía TC de cuello con contraste, por lo que obtener la cita dependía de ubicar el lugar con la convergencia perfecta: tomógrafo en funcionamiento, contraste intravenoso y cupo cercano.

¡Bingo! Logré la cita al segundo intento. Nada mal, ¿verdad?

El viernes me desperté temprano para comer algo y luego ayunar las correspondientes 6 horas. El ayuno era total, lo que incluye no tomar agua.

Mi cita era a la 1.

Agarré una botellita de agua y un trozo de chocolate negro para tenerlos a mano al finalizar el procedimiento, me monté en el carro, atravesé la ciudad y llegué al sitio.

Entregué mis papeles en recepción, me mandaron a llenar una planilla y a esperar. Muy simpática la planilla, por cierto, en la mitad te preguntan si eres alérgico al yodo y al final, te hacen jurar que NO lo eres. (Mayúsculas de la planilla)

Cuando me toco responder ¿es alérgico al yodo? Puse que sí, a pesar de no estar segura (cosas de infancia), por sugerencia de un galeno, muy buen amigo de mi hermana, tremendo pana, aunque un tanto ingenuo, que pensaba que para las personas alérgicas al yodo, las tomografías tenían disponible otro medio de contraste en Venezuela. Obviamente, dejé el juramento final en blanco esperando hablar con el médico a cargo, cuando me tocara el turno.

A los 45 minutos como no me llamaban para recibir mis papeles -sí, recibirlos, porque en “recepción” solo los vieron, me dieron la planilla y me los devolvieron-, cobrarme, y por ende, meterme en la cola (o en el sistema según el lenguaje de los empleados del sitio) y para aclarar lo del yodo con un médico, me paré a preguntar.

De recepción me mandaron a coordinación, de allí, a pesar de haber solicitado hablar con un médico, mandaron a una enfermera, en entrenamiento, a que hablara conmigo.

La conversación con ella también fue simpática: le conté por qué no estaba segura de no ser alérgica al yodo y ella me preguntó si era alérgica a algún producto del mar. Como era de esperarse le dije que no sólo no lo era, sino que me encantaban y los comía cada vez podía, (aquí entre nos, podía “del verbo ‘ya no se puede’ porque son difíciles de encontrar e imposibles de adquirir). Con esa información, la enfermera se fue a hacer las consultas correspondientes.

20 minutos más tarde, la prueba de alergia disponible: al estilo de Anatomía de Grey, como dirían los españoles, me pasaron a un cubículo en el que la jefa de la enfermera en entrenamiento, me inyectó el contraste subcutáneo para ver si era alérgica, mientras le explicaba a ella como hacerlo. La enfermera en jefe me dijo que estuviera pendiente de la piel, porque si había reacción, se pondría rojo y caliente ‘de inmediato’. Las tres miramos mi brazo un par de minutos y nada. Igual, me mandaron de vuelta a la sala, a esperar.

Al tiempo, me llamaron de recepción para revisar de nuevo mis papeles y mandarme a pagar por caja. Nótese que era la segunda vez que la de recepción revisaba mis papeles.

La chica de caja, hojeaba ida y vuelta los papeles, los miraba con desconfianza, hasta que me dijo que la orden del médico no tenía un sello, sin el que no podían hacerme la tomografía.

¿A esa altura alguien notaba que faltaba un sello en una orden? ¿en serio?

Porque no sólo la chica de recepción revisó 2 veces los papeles, sino que cuando salí de la consulta del médico  el viernes anterior, tomé la previsión preguntar a las secretarias correspondientes, si las órdenes de los exámenes estaban correctas o si requerían algo adicional para hacerlos. Ellas las revisaron y me dijeron que todo estaba perfecto.

Conversando con la chica de caja, le ofrecí llevar después la orden para que le pusieran el sello, pero, a esa hora, a ella le pareció correcto que cogiera mi carro y fuera de la Florida a la Castellana a buscar el sello para no perder la cita.

Afortunadamente, por ser viernes, ya en la tarde, mi otorrino tenía consulta, así que con esa información en ebullición, fui a la Castellana, y le conté a una de las chicas de administración todo lo sucedido y le pedí que me ayudar a buscar el sello.

Muy apenada ella, consiguió el sello a una velocidad razonable y con todo en orden, pero, botellita en mano y muriendo de ganas de tomar agua, me devolví a la Florida.

Llegué, entregué todo en caja y me senté a esperar… hacía frío y me paré a caminar… me encontré con un señor que tenía raaaaaatoooooo esperando que le entregaran unos resultados, y me contó sus penurias con unos inquilinos que no le pagan y no los puede sacar, también que es hipertenso y diabético y que le quedaban 14 días de tratamiento y luego no sabría donde comprar más… lo llamaron, seguí caminando, viendo una película horrible y de pronto, como si hubieran pasado sólo 10 minutos, la enfermera en entrenamiento salió, me vio, le llamó la atención verme, se acercó y me preguntó si había tenido reacción alérgica. (¿en serio?) Y cuando le dije que obviamente no, me dijo: aaah, ya la vamos a pasar.

De seguidas se acercó a caja y preguntó bajito por qué yo no aparecía en el sistema. Y entró.

Aaaaaal rato me llamaron, la jefa de enfermeras, en la misma onda de Grey’s Anatomy , me puso una vía, mientras le enseñaba a la pasante, con detallados comentarios, como hacerlo. Me inyectó solución en la vena y me preguntó si me dolía. En ese momento, le dije que no me dolía nada, que sólo sentía un poco de presión pero hacia la parte contraria de la vía. A ella le pareció raro pero nada anormal y a mi curioso, y ya.

Mientras preparaban la máquina, me dejaron esperando en el cubículo y pude echar una ojeada con detenimiento, descubriendo que existe una fórmula para nivelar la creatinina, que usa como referencia la altura y el peso del paciente (estaba escrita con bolígrafo en un adhesivo pegado en la parte interior de la estantería donde guardan el contraste).

Finalmente, me pasaron. Una vez en el sitio, acostada en la máquina, me pusieron en posición, me mandaron a cerrar los ojos y comenzó el procedimiento.

En la primera sesión, me dijeron varias veces: respire, retenga, no se mueva… ahora puede respirar, relájese pero no se mueva… y entre una cosa y la otra, había una luz que me indicaba que alguna imagen estarían tomando.

Al rato, la jefe de enfermeras entró en la habitación y se acercó para decirme que ahora me iban a inyectar el contraste, que sentiría sabor metálico en la boca y calor desde el cuello hasta los genitales…

Debo confesar que me quedé esperando el calor y el sabor y nada…

En esta tanda, las instrucciones eran: no trague, no trague, relájese pero no se mueva… En este caso, la voz era diferente y las instrucciones sonaban antipáticas y pre-grabadas. Para garantizar no moverme ni tragar, comencé a cantar mentalmente y a recordar que en mi investigación previa, decían que el procedimiento, la tomografía como tal, duraba unos 10 minutos, así que seguí cantando y obedeciendo para que terminaran la tomografía de una vez. -Obviamente, la sesión previa no sería parte de la tomografía, sino de la preparación, pensé. Digo, porque por algo esperaron para inyectar el contraste.

Pero no, imaginen el procedimiento de esta nueva sesión varias veces incluyendo la entrada de la jefe de enfermeras para poner más contraste porque, “como yo soy alta, el contraste no me llegaba al cuello” y yo, acostada, sin sentir ni el calor ni el sabor prometido, sólo presión en el brazo que, de acuerdo a lo dicho al principio, no era anormal…

En alguna de las entradas, le aclaré a la enfermera que yo hacía todo lo posible por no moverme, pero que si comenzaba a temblar, era inevitable, porque me moría de frío. Ella muy amablemente me dijo, que se lo hubiera dicho antes y me cubrió con una manta.

En otro momento, dado que la sesión estaba en la fase de “receso” o de “vamos a ponerle más contraste”, aproveché que la jefe de enfermeras estaba en el sitio para, violando la instrucción de cierre los ojos, curiosear lo que hacían y pude ver a otra mujer revisando la vía y mirándome con cara de no entender mucho por qué no llegaba el contraste.

Como supondrán yo perdí la cuenta, y ellas la esperanza, así que suspendieron la tomografía porque no podían ver el contraste.

Suspendido el procedimiento, supe que la tercera mujer era la técnico de la máquina quién con mucha frustración me miraba como a un ejemplar extraño.

Antes de levantarme, la jefe de enfermeras se dio cuenta de que mi antebrazo parecía el de popeye y concluyó que la última tanda de contraste se había infiltrado.

Me sacaron de la máquina, me miraron con preocupación y me confesaron que el procedimiento no había funcionado y que tenía que volver, pero preferiblemente cuando estuviera la médico jefe de la unidad quien era la que podía resolver el misterio. Es decir y nótese, que durante el procedimiento y probablemente, desde mi llegada al sitio, no había un médico presente en el lugar.

En ese momento y con mucho cuidado, me llevaron de nuevo al cubículo en el que me hicieron todos los procedimientos previos. Me quitaron la vía, me pidieron doblar el brazo y mantenerlo así y sugirieron que aplicara compresas calientes y hielo, para la infiltración. Las sugerencias las hicieron personas diferentes, paradas una al lado de la otra, por lo que yo esperaba que terminaran de describir el procedimiento combinado. Pero no, no se trataba de un procedimiento, sino de dos maneras de ver la cosa. Ah, bueno, me mandaron a tomar mucha agua para que el contraste saliera pronto de mi cuerpo.

Dada la coherencia, les pregunté como haríamos la tomografía porque a mi no me funcionaba estar tanto tiempo en ayunas y cuadraron su continuación para el próximo miércoles. Eso sí, la cita es directo con ellas, con la presencia de la médico jefe de la unidad y a primera hora de la mañana, para que no me afecte tanto ayunar…

Llegué a la casa y la inflamación del brazo se había extendido. ¡Pasé la noche con un bíceps en el brazo derecho y unos, como se llamen los músculos de ese antebrazo, que popeye envidiaría!

P.S. gracias a la amabilidad infinita de mi pediatra @lila_vega supe cuál era el procedimiento adecuado para ayudar a bajar la inflamación y ya tengo mi brazo de regreso.

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“Accidentes naturales de la guerra” o “le metí dos tiros en el culo por maricón”

Con interesantes paralelismos se escriben las historias: tal día como hoy, hace 77 años, a las 4:45 am, fue fusilado, en Granada, Federico García Lorca. Lo fusiló el franquismo, el fascismo en ejercicio del momento en España.

En el blog del Teatro del Norte (*), en un post firmado por Boni Ortiz (**) se lee: “Juan Luis Trescastro falangista, fanfarrón, putero y microcéfalo, alardeaba en un bar granadino a mediados de agosto de 1936: “Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón“”

También el site del Atrio, en un post que data del 20 de Agosto de 2010 (***), dice: “Ramón “Ruiz Alonso se atribuyó en su día el crimen orgulloso diciendo “no era más que un intelectual rojo, amigo de rojos y además marica”.”

Publicado por @EmilioSilva1965  el 19/08/2012El abuso de poder, estigmatizar al otro, la aniquilación política y física del que piensa y es diferente, son manifestaciones típicas del fascismo. Como también lo son las excusas inaceptables como la que dio Franco cuando fue interpelado al respecto en su momento. De acuerdo a las reseñas de los propios, Franco dijo que “ese escritor murió mezclado con los revoltosos; son los accidentes naturales de la guerra” (****)

Acciones y justificaciones que tejen historias, que se repiten y que, lamentablemente, no nos suenan tan ajenas, hemos de tenerlas frescas y presentes.

Federico, que como ya todos saben, es mi poeta favorito, dejó una extensa obra, poesía, canciones, teatro, relatos. De ella, para esta oportunidad, seleccioné dos poemas, el primero publicado en vida, en su poemario “Juegos” (Canciones 1921-1924) y el otro, publicado en 1984, como parte de su poemario “Sonetos del amor oscuro”, dos momentos de vida, dos ángulos, pero la misma historia. 

Vaya a ti, Federico, nuevamente mi homenaje:

Canción del Mariquita

El mariquita se peina
en su peinador de seda.

Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.

El mariquita organiza
los bucles de su cabeza.

Por los patios gritan loros,
surtidores y planetas.

El mariquita se adorna
con un jazmín sinvergüenza.

La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.

El escándalo temblaba
rayado como una cebra.

¡Los mariquitas del Sur,
cantan en las azoteas!

El amor duerme en el pecho del poeta

Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

(*) El post completo se puede leer en el siguiente enlace: Post del Teatro del Norte

(**) José Bonifacio Ortiz Cabello, crítico e investigador teatral español

(***) El post del Atrio se puede leer en el siguiente enlace: Post del Atrio

(****) Reseña publicada, foto mediante, por Emilio Silva Barrera (@EmilioSilva1965), en su cuenta de twitter el 19 de agosto del 2012

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Desvarío a propósito del día del libro

…aunque no tenga nada que ver

Los recuerdos siempre nos traicionan.

Recuerdo cuando esperaba que cayera la noche para recorrer las calles como acostumbrado ejercicio. Recuerdo que lo hacía, pero ya no lo siento. ¿Cómo interpretar lo que nos pasa cuando se dejan de sentir los recuerdos?

Hoy,

esta tarde,

decidí caminar hasta la farmacia que me queda a 3 cuadras. No la escogí realmente, era la única que tenía un par de cajas del “remedio” que quería comprar.

Por primera vez, en muchos años -quizá debería decir demasiados-, sentí que no conocía ni una sóla parte del trayecto. Era la misma calle que ayer, que esta mañana, con los mismos carros pasando, los mismos edificios, la misma gente conversando en la acera, caminando o esperando el autobús en la parada de abajo. El mismo segmento del río, la misma panadería, los mismos bomberos.

Quizá lo más nuevo es precisamente la farmacia, aunque ya lleva un par de años en esa misma equina sin remiendo: mismo color, misma fachada, mismo mostrador, estantería, mismo silencio. Siempre ha sido una farmacia muy silenciosa.

En el recorrido las mismas calles, las mismas montañas y el mismo cielo. Las mismas pero de otro color. Era como ver otro paisaje, golpeado por el tiempo y el desprecio. Todo estaba gris, como ahumado. Ahumada la sensación de color, como de hollín en las paredes, pero ahumado también el aire con la desagradable y sutil cortina de humo blanco que no deja que se expresen, que ahoga la explosión de los colores.

Lástima que dejé el celular cargando y no tenía una cámara para guardar un registro de ésto, porque estoy segura de que la foto saldría como tomada por un lente empañado de sopor, de vacío y de silencio.

De silencio, porque a pesar del sonido de los carros circulando y las voces de la gente, se podía percibir, como telón de fondo, un claro y diáfano silencio. Y de vacío, porque a pesar de los muros, del asfalto, los niños jugando en la cancha y la gente caminando, este fragmento de ciudad se sentía vacío y sólo, impregnado de la soledad que da el hastío y el encierro.

Experimenté también la extraña sensación de mirar desde otro ángulo. ¿A Uds no les pasa que hay momentos que miran de frente y sienten como si hubiese cambiado el ángulo de su mirada, como si hubiesen crecido y pudieran mirar unos centímetros por encima de la visual de costumbre? A mi me pasa a veces, no muchas, pero a veces siento como si se ajustara mi punto de vista. También sentí como que se ampliara el campo que podía abarcar con una sola mirada. Es una sensación muy extraña, pero hoy me sorprendió que me pasara en la calle y que estuviera acompañada de la percepción de tanto silencio de fondo.

Claro, no es tan extraña como la percepción de la tristeza en el ambiente. Sólo me tropecé con dos sonrisas que resaltaban en el gris hollín de un paisaje absurdamente roído y sucio, como si cargara con el polvo resultante de la ausencia de la lluvia por meses.

Recuerdo cuando caminaba de noche sin sentir miedo, recuerdo que sucedía pero, aunque ya no puedo sentirlo, lo recuerdo muy vividamente cuando, como hace un rato, temblaba surcando, al caer la tarde, el mismo trayecto recorrido millones de veces, durante años.

Al regreso, el grito ensordecedor de las chicharras, a contramano con el tiempo, me evoca pasajes de mi infancia también caminando, pero sonriente al sentirme envuelta en su canto.

Canto ayer, hoy grito que acompaña el miedo. Y el vacío y el silencio arrullando los gritos de las chicharras, sin poder aplacarlos.

Ahora, llueve.

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Caucho High Tech 2

Esta es una herbácea tropical de tercera generación que da cauchos rin 18…

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Caucho High Tech?

Este es un “caucho” de última generación que da bolsas color azul celeste…

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Reminiscencias

Reminiscencias de otra ciudad
otra, menos árida y ajena
otra, que contiene
y deja asomar en destellos

OR 23112012

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Arbolito Sabanero

Arbolito sabanero
yo vengo a preguntar,
si cuando ella se me fue, arbolito,
tú me la viste pasar.

Abre mis sueños al raso la soledad sin un grito,
Aspira el campo marchito la dulce flor del ocaso.

Tú, pesaroso en el paso,
puro arenal del estero,
soñando el aire mayero,
cómo tendrás de congojas
que ya no te quedan ni hojas, arbolito sabanero.

Arbolito de hojas finas,
nidos de puras congojas,
como ya no tienes ni hojas
te besa el sol las espinas.

Madrinero sin madrinas
paso ya por mi cantar,
y tú en tu grave callar,
te quedas mas seco y triste,
arbolito, tu la viste,
tu me la viste pasar.

(Simón Díaz)

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