“Accidentes naturales de la guerra” o “le metí dos tiros en el culo por maricón”

Con interesantes paralelismos se escriben las historias: tal día como hoy, hace 77 años, a las 4:45 am, fue fusilado, en Granada, Federico García Lorca. Lo fusiló el franquismo, el fascismo en ejercicio del momento en España.

En el blog del Teatro del Norte (*), en un post firmado por Boni Ortiz (**) se lee: “Juan Luis Trescastro falangista, fanfarrón, putero y microcéfalo, alardeaba en un bar granadino a mediados de agosto de 1936: “Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón“”

También el site del Atrio, en un post que data del 20 de Agosto de 2010 (***), dice: “Ramón “Ruiz Alonso se atribuyó en su día el crimen orgulloso diciendo “no era más que un intelectual rojo, amigo de rojos y además marica”.”

Publicado por @EmilioSilva1965  el 19/08/2012El abuso de poder, estigmatizar al otro, la aniquilación política y física del que piensa y es diferente, son manifestaciones típicas del fascismo. Como también lo son las excusas inaceptables como la que dio Franco cuando fue interpelado al respecto en su momento. De acuerdo a las reseñas de los propios, Franco dijo que “ese escritor murió mezclado con los revoltosos; son los accidentes naturales de la guerra” (****)

Acciones y justificaciones que tejen historias, que se repiten y que, lamentablemente, no nos suenan tan ajenas, hemos de tenerlas frescas y presentes.

Federico, que como ya todos saben, es mi poeta favorito, dejó una extensa obra, poesía, canciones, teatro, relatos. De ella, para esta oportunidad, seleccioné dos poemas, el primero publicado en vida, en su poemario “Juegos” (Canciones 1921-1924) y el otro, publicado en 1984, como parte de su poemario “Sonetos del amor oscuro”, dos momentos de vida, dos ángulos, pero la misma historia. 

Vaya a ti, Federico, nuevamente mi homenaje:

Canción del Mariquita

El mariquita se peina
en su peinador de seda.

Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.

El mariquita organiza
los bucles de su cabeza.

Por los patios gritan loros,
surtidores y planetas.

El mariquita se adorna
con un jazmín sinvergüenza.

La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.

El escándalo temblaba
rayado como una cebra.

¡Los mariquitas del Sur,
cantan en las azoteas!

El amor duerme en el pecho del poeta

Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

(*) El post completo se puede leer en el siguiente enlace: Post del Teatro del Norte

(**) José Bonifacio Ortiz Cabello, crítico e investigador teatral español

(***) El post del Atrio se puede leer en el siguiente enlace: Post del Atrio

(****) Reseña publicada, foto mediante, por Emilio Silva Barrera (@EmilioSilva1965), en su cuenta de twitter el 19 de agosto del 2012

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Desvarío a propósito del día del libro

…aunque no tenga nada que ver

Los recuerdos siempre nos traicionan.

Recuerdo cuando esperaba que cayera la noche para recorrer las calles como acostumbrado ejercicio. Recuerdo que lo hacía, pero ya no lo siento. ¿Cómo interpretar lo que nos pasa cuando se dejan de sentir los recuerdos?

Hoy,

esta tarde,

decidí caminar hasta la farmacia que me queda a 3 cuadras. No la escogí realmente, era la única que tenía un par de cajas del “remedio” que quería comprar.

Por primera vez, en muchos años -quizá debería decir demasiados-, sentí que no conocía ni una sóla parte del trayecto. Era la misma calle que ayer, que esta mañana, con los mismos carros pasando, los mismos edificios, la misma gente conversando en la acera, caminando o esperando el autobús en la parada de abajo. El mismo segmento del río, la misma panadería, los mismos bomberos.

Quizá lo más nuevo es precisamente la farmacia, aunque ya lleva un par de años en esa misma equina sin remiendo: mismo color, misma fachada, mismo mostrador, estantería, mismo silencio. Siempre ha sido una farmacia muy silenciosa.

En el recorrido las mismas calles, las mismas montañas y el mismo cielo. Las mismas pero de otro color. Era como ver otro paisaje, golpeado por el tiempo y el desprecio. Todo estaba gris, como ahumado. Ahumada la sensación de color, como de hollín en las paredes, pero ahumado también el aire con la desagradable y sutil cortina de humo blanco que no deja que se expresen, que ahoga la explosión de los colores.

Lástima que dejé el celular cargando y no tenía una cámara para guardar un registro de ésto, porque estoy segura de que la foto saldría como tomada por un lente empañado de sopor, de vacío y de silencio.

De silencio, porque a pesar del sonido de los carros circulando y las voces de la gente, se podía percibir, como telón de fondo, un claro y diáfano silencio. Y de vacío, porque a pesar de los muros, del asfalto, los niños jugando en la cancha y la gente caminando, este fragmento de ciudad se sentía vacío y sólo, impregnado de la soledad que da el hastío y el encierro.

Experimenté también la extraña sensación de mirar desde otro ángulo. ¿A Uds no les pasa que hay momentos que miran de frente y sienten como si hubiese cambiado el ángulo de su mirada, como si hubiesen crecido y pudieran mirar unos centímetros por encima de la visual de costumbre? A mi me pasa a veces, no muchas, pero a veces siento como si se ajustara mi punto de vista. También sentí como que se ampliara el campo que podía abarcar con una sola mirada. Es una sensación muy extraña, pero hoy me sorprendió que me pasara en la calle y que estuviera acompañada de la percepción de tanto silencio de fondo.

Claro, no es tan extraña como la percepción de la tristeza en el ambiente. Sólo me tropecé con dos sonrisas que resaltaban en el gris hollín de un paisaje absurdamente roído y sucio, como si cargara con el polvo resultante de la ausencia de la lluvia por meses.

Recuerdo cuando caminaba de noche sin sentir miedo, recuerdo que sucedía pero, aunque ya no puedo sentirlo, lo recuerdo muy vividamente cuando, como hace un rato, temblaba surcando, al caer la tarde, el mismo trayecto recorrido millones de veces, durante años.

Al regreso, el grito ensordecedor de las chicharras, a contramano con el tiempo, me evoca pasajes de mi infancia también caminando, pero sonriente al sentirme envuelta en su canto.

Canto ayer, hoy grito que acompaña el miedo. Y el vacío y el silencio arrullando los gritos de las chicharras, sin poder aplacarlos.

Ahora, llueve.

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Caucho High Tech 2

Esta es una herbácea tropical de tercera generación que da cauchos rin 18…

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Caucho High Tech?

Este es un “caucho” de última generación que da bolsas color azul celeste…

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Reminiscencias

Reminiscencias de otra ciudad
otra, menos árida y ajena
otra, que contiene
y deja asomar en destellos

OR 23112012

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Arbolito Sabanero

Arbolito sabanero
yo vengo a preguntar,
si cuando ella se me fue, arbolito,
tú me la viste pasar.

Abre mis sueños al raso la soledad sin un grito,
Aspira el campo marchito la dulce flor del ocaso.

Tú, pesaroso en el paso,
puro arenal del estero,
soñando el aire mayero,
cómo tendrás de congojas
que ya no te quedan ni hojas, arbolito sabanero.

Arbolito de hojas finas,
nidos de puras congojas,
como ya no tienes ni hojas
te besa el sol las espinas.

Madrinero sin madrinas
paso ya por mi cantar,
y tú en tu grave callar,
te quedas mas seco y triste,
arbolito, tu la viste,
tu me la viste pasar.

(Simón Díaz)

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Enhebrando versos para ti…

Los hilos nos rozan,
tejen el conocimiento silencioso
que aflora en el contacto
se convierte en música
en poesía,
se expresa en un trazo
en un verbo,
una mirada que devela
la energía que nos conecta
desde siempre y para siempre

OR 04062012

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